¡He perdido la palabra, lléname de poesía! Yo que escribía
sonetos, que era capaz de describir, el alma yerma y malherida, me he
descubierto clamando, me he descubierto perdida, me he descubierto que ya, no habita en mí
aquel don, aquella pasión que escondía.
Las cosas no eran simplemente cosas, a la vista del poeta,
eran herramientas de un nuevo mundo, de una nueva belleza, eran rimas posibles,
eran noches enteras, eran cadencias con ritmo, mucho más que una vulgar quimera.
Pero ya no rimo igual, ya no rima con sentido, sólo quedan
versos sueltos, versos fatuos que adivino, que surgen sin ningún pudor, que los
rimaría hasta un niño, que no guardan la métrica, que no arrojan al vacío.
Solamente frases que suenan, que no rompen el sonido.
Podrían llamarse estrofas, o conjunto que uno escribe,
palabras que al mundo arrojas, para las que nadie vive.
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