sábado, 24 de agosto de 2013

Como un jarrón roto...


Se despertó y se dio cuenta de que se le había escapado la vida de las manos. Que a pesar de que empezaba a ver el camino donde la llevarían sus pasos no estaba segura de si realmente aquella era la senda que quería seguir.

Se descubrió, entre otras cosas, que la faltaban abrazos, algo tan simple como eso, era algo que no tenía en su vida. La fachada que se había construido le pesaba ahora demasiado y la vida que se abría ante sí sólo podría vivirla cargando con aquella pesada carga que no sabía como había llegado a sus hombros. Había dedicado muchos esfuerzos a echarle la culpa de sus males a todo aquello que había pasado a lo largo de su existencia, pero la única culpable era ella que había decidido no hacer nada por evitar eso.

La habían dicho muchas veces que era alguien fuerte, que a pesar de todo se había construido con esfuerzo para tratar de "ser alguien en la vida", pero en verdad había elegido el camino equivocado. Quizá, como la habían hecho pensar, no había otro, pero quizá sí y ella no lo vio, ya era tarde, ya era una persona que no quería ser, con una vida que no quería tener y cumpliendo unos sueños que se le antojaban de otros. 

Había luchado y ahora no sabía para qué, no tenía ni idea de para qué había válido aquello. No se sentía feliz y tenía el presentimiento de que nunca lo sería y ese sin duda, era el peor de sus tormentos.

Miraba a atrás, veía su existencia como una obra de teatro con un guión que habían escrito entre muchos y que ella se había dedicado a representar tratando de estar constantemente a la altura del papel. Una obra de teatro que no tenía sentido. Que quizá nunca lo tuviera. Y se preguntaba cómo había llegado allí, como había dirigido sus pasos de tal forma, y en cierta medida sintió que nunca habían sido realmente sus pasos. Se había dejado arrastrar por una especie de inercia rara que la había llevado a un sitio de donde ya no podría salir. 

Podría intentar cambiar de vida, pero ya no había solución. El daño había sido irreparable, ella era la consecuencia de aquello, y no podría escapar jamás de sí misma. Llegados a ese punto, el problema ya no estaba en lo que la rodeaba, sino en lo que había dentro. Lo que evitaba mirar, lo que trataba ocultar. Como hiciera Dorian con su cuadro, ella lo había hecho de su persona, evitar mirarlo para descubrir las imperfecciones que se habían generado en ese tiempo. Y ocultarlo de otros para que no pudieran saber su secreto. Lo había escondido tanto que a veces ni siquiera ella lo encontraba, pero los caprichos del universo hacían que de vez en cuando algo lo despertara y la recordara todo aquello.

No podía explicar la sensación que sentía, no podía explicarlo, pero era similar a esa sensación de jarrón roto, un alma hecha pedazos que había tratado de pegar una y otra vez, pero que nunca sería un jarron pleno. 

Y entonces cerró los ojos para soñar con lo perdido, tratando de encontrar fuerzas nuevamente, para enfrentarse a la vida que le era inevitable.

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