He decidido cerrar la máquina de
los sueños, he decidido arrasar el valle de las esperanzas, he decidido que voy
a vestir de razón el alma y vaciar la cabeza de los pájaros y las redes, que
ingenuamente nuestra ilusión atrapan.
Decía Shakespeare que los sueños
están hechos de la materia con la que se teje el alma, o el alma con la que se
tejen los sueños, no recuerdo exactamente. Y que pasa cuando no hay alma, ¿acaso
entonces los sueños con qué se tejen? No podemos vivir en un mundo propio de
fantasía e irrealidad. Las cosas que no existen nunca existirán y las cosas que
perecen no vuelven a vivir jamás.
La locura de los sueños... que se
lo digan a Segismundo que no sabía si vivía o soñaba, si lo vivido sólo había
sido quimera de la imaginación, propia de aquellos que no viven. Tenemos que
cerrar la máquina de los sueños para aprender a vivir en el mundo real,
aprender a vivir con las cosas que suceden a nuestro paso, las pasadas, las
presentes, las venideras... desde el punto de la realidad. No se puede pasar la
vida construyendo castillos en el aire que desaparecen en cuanto el viento
entra en nuestra mente y arrasa con todo a su paso. No podemos construir la
vida entre nubes de algodón, cuando sabemos que vagamos en un valle cargado de
espinas que explotan las burbujas que creímos infranqueables en nuestra mente.
Lo imposible. Lo improbable. Meras
palabras que usamos para alejarnos de la fatalidad del mundo que nos rodea...
vagas esperanzas que ansiamos que nos iluminen la oscuridad real, pero no nos
damos cuenta de que lo esperado y lo real raramente coinciden y como en la
economía, si nos guiamos por la especulación, la tragedia al despertar será aún
mayor que esa realidad que disfrazamos con esperanzas.
Y llegados a este mundo prefiero
que me obliguen a vivir vestida de realidad que a la gris materia de los sueños
que nos atrapa. Condenar a los sueños a la noche, donde al despertar
desaparecen, que ser un soñador que camina por la calle, tan absorto en esos
falsos sueños que se golpeará con la farola de la realidad de un momento a
otro. "La vida es sueño y los sueños, sueños son" dijo Calderón,
dejemos que los sueños sean sueños, pero no la vida y así cuando nos veamos de
nuevo atrapados en la torre como Segismundo no lamentemos lo perdido que sólo estaba
en nuestra imaginación.
No lamentaremos pues nunca lo esperado
no vivido, ya que habremos vivido conforme a lo real no especulado. Habremos
conocido lo que el día nos mostraba, y habremos de olvidar lo que de noche fue
soñado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario