sábado, 17 de noviembre de 2012

El cierre de los sueños

He decidido cerrar la máquina de los sueños, he decidido arrasar el valle de las esperanzas, he decidido que voy a vestir de razón el alma y vaciar la cabeza de los pájaros y las redes, que ingenuamente nuestra ilusión atrapan.

Decía Shakespeare que los sueños están hechos de la materia con la que se teje el alma, o el alma con la que se tejen los sueños, no recuerdo exactamente. Y que pasa cuando no hay alma, ¿acaso entonces los sueños con qué se tejen? No podemos vivir en un mundo propio de fantasía e irrealidad. Las cosas que no existen nunca existirán y las cosas que perecen no vuelven a vivir jamás.

La locura de los sueños... que se lo digan a Segismundo que no sabía si vivía o soñaba, si lo vivido sólo había sido quimera de la imaginación, propia de aquellos que no viven. Tenemos que cerrar la máquina de los sueños para aprender a vivir en el mundo real, aprender a vivir con las cosas que suceden a nuestro paso, las pasadas, las presentes, las venideras... desde el punto de la realidad. No se puede pasar la vida construyendo castillos en el aire que desaparecen en cuanto el viento entra en nuestra mente y arrasa con todo a su paso. No podemos construir la vida entre nubes de algodón, cuando sabemos que vagamos en un valle cargado de espinas que explotan las burbujas que creímos infranqueables en nuestra mente.

Lo imposible. Lo improbable. Meras palabras que usamos para alejarnos de la fatalidad del mundo que nos rodea... vagas esperanzas que ansiamos que nos iluminen la oscuridad real, pero no nos damos cuenta de que lo esperado y lo real raramente coinciden y como en la economía, si nos guiamos por la especulación, la tragedia al despertar será aún mayor que esa realidad que disfrazamos con esperanzas.

Y llegados a este mundo prefiero que me obliguen a vivir vestida de realidad que a la gris materia de los sueños que nos atrapa. Condenar a los sueños a la noche, donde al despertar desaparecen, que ser un soñador que camina por la calle, tan absorto en esos falsos sueños que se golpeará con la farola de la realidad de un momento a otro. "La vida es sueño y los sueños, sueños son" dijo Calderón, dejemos que los sueños sean sueños, pero no la vida y así cuando nos veamos de nuevo atrapados en la torre como Segismundo no lamentemos lo perdido que sólo estaba en nuestra imaginación.

No lamentaremos pues nunca lo esperado no vivido, ya que habremos vivido conforme a lo real no especulado. Habremos conocido lo que el día nos mostraba, y habremos de olvidar lo que de noche fue soñado.

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