domingo, 18 de noviembre de 2012

Glasgow...ellas...yo

De repente parece que Glagow fue hace siglos...en otra época... en otra yo... lo echo más de menos de lo que reconozco a veces. Lo echo más de menos de lo que esperaba extrañarlo cuando lo deje.

Es cierto eso de que a veces no sabes lo que tienes hasta que ya no lo posees, y con Glasgow me ha pasado eso. Me gustó mi Erasmus, me encantó, sobre todo las personas que conocí en él. Esas pequeñas personitas maravillosas  con las que tengo la suerte de seguir contando en mi vida. Pero la ciudad… nunca pensé que extrañaría la ciudad. Mi Madrid supera con creces a esa ciudad gris del norte del Reino Unido, pero me encantaría estar paseando ahora mismo por el Botanic dirección ninguna parte, con el gélido aire en mi cara y probablemente con una ligera llovizna que empaparía mi abrigo y mi pelo sin apenas darme cuenta.

Llegar a la universidad, que parece salida de un libro y caminar entre sus pequeños patios interiores pensando en otra época, pensando en la postal que mis ojos crean sólo con mirarla. Su torre entre las nubes o la niebla de las mañanas hacía que ir a clase fuera más que el mero trámite de acudir a una clase magistral de un profesor. Era una forma de alzar la imaginación por encima de lo cotidiano.

Caminar por sus calles, resguardándote del frio, sin nada más que las ideas de la mente, que se mezclan con la curiosidad por los pelirrojos que pasan por delante. Son tan graciosos, tan blanquitos, tan diferentes… en una ciudad sin nada especial, pero que evoca grandes recuerdos en mi cabeza.

El primer día, las primeras lágrimas, las primeras risas… todo tiene un lugar en ella, y recuerdo exactamente cada lugar y cada experiencia. Las horas encerrada en una habitación conmigo misma, la soledad y el silencio mirando por la ventana a ese cielo lleno de nubes, unas veces más grises, unas veces más blancas… esa forma de comprenderme a mí misma que parece que también se quedó en esa ciudad. Era otra ciudad, y sin duda era otra yo, pues no soy la misma de entonces. Aquella parece que nunca cogió el avión de vuelta, no puedo culparla, aún me pregunto en qué punto lo cogí yo.

Las risas, las mañanas de primavera leyendo en el Botanic arriesgándome a coger una pulmonía, las horas caminando al centro, las historias de la vida de apenas unas chiquillas que viven alejadas de casa y que sin saber cómo se terminan sintiendo como una familia, las tartas, los chocolates, las noches de diversión sin fin y también la tristeza, las lágrimas, la constatación del vacío que no se llena y que ahora ansiaría volver a sentir… en definitiva la vida fluyendo de las manos…

Podría escribir cientos de páginas de aquellos días, describir miles de sensaciones, las infinitas anécdotas con mis amigas, hablar de tantos recuerdos pasados… de aquella felicidad que hoy recuerdo y duele haber perdido… Porque duele el recuerdo feliz mucho más que el triste, porque el feliz es un instante que no puede volver a repetirse, ese momento forma parte de un pasado. Puede repetirse pero ya no será el mismo, será otro y aunque vuelva a pasar por aquella calle con la escandalosa de Bhauna buscando su pinza, con Gara y Leti camino a ninguna parte, no será igual, será feliz, pero no será lo mismo. Y aunque duela, lo hace porque se era feliz.

Y ahora sólo queda cerrar los ojos y recordar… Glasgow… ellas… yo.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Ahora mismo estoy de Erasmus, tus palabras me han servido para darme cuenta de que lo que estoy viviendo es algo demasiado importaqnte en mi vida y que debo aprovechar cada segundo.