sábado, 22 de septiembre de 2012

La monotonía de la noria

A quien culpar 
si sólo soy un necio sin alma 
o quizá un alma sin necedad.

A quien culpar 
si el después son los despojos 
de un camino de rastrojos 
llenos de necesidad.

A quien decir 
que los versos de la esquina, 
escondidos en cenizas 
son aquellos que escribí

A quien decir 
que la escalera funesta, 
que sube y baja perversa 
lleva al camino que vi

Por qué cortar las luces de escarcha,
que buscan en la mirada 
las palabras de la mar.

Por qué sentir los quejidos 
que yacen pidiendo motivos 
que nadie sabe encontrar.

De que sirve tener azules 
las ventanas que prendimos 
si nadie las va a sentir.

De que sirve tener granadas
colgando en las madrugadas
del efimero carmin.

Si todo ha perdido el rumbo
y el eje que gira el mundo
me ha llevado al despertar.

Si todo cuanto he soñado
desnudo de sentimiento
ha despertado ciego 
en la pura inmensidad.

Cerrando el alma firme 
de este payaso de mimbre 
que nunca logro vivir,
viviendo entre caballitos, 
en la monótona noria 
que siempre llega hasta el fin.

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