jueves, 13 de septiembre de 2012

Como una sala de vistas

Maldita cabecita pensante. A veces seria maravilloso ser un simple oyente, simplemente un ente que observa y oye en este mundo particular. Así la cabeza estaría llena de cosas de otros probablemente.

Conozco a la mejor fiscal y a la juez más implacable del condado. Pero también tengo sentada en la defensa a la mejor abogada posible. Y así transcurre gran parte de esta película. Esa es la sala donde los temas tratados son demasiado diversos y donde la acusada entra y sale de mil y una maneras distintas de los muchos delitos que figuran en una hoja que nadie sabe quien ni como se ha escrito.

La sala de juicios, el salón, la ventana... Creo que deje demasiado pronto de estudiar a los filósofos y a los grandes pensadores. Quizá ahora me entendería más. Aunque en el fondo lo peligroso de mi mente es lo que se combina con mi instinto. Una vez alguien me dijo que las personas no actuábamos por instinto, pues éramos seres racionales. Se equivocaba absolutamente y quizá como dice mi adorado Wilde la definición racional para persona se dio demasiado rápido y de forma ligera.

Mi instinto casi nunca se equivoca. Y es capaz de ver a años luz de lo que ve mi razón. Es imparable porque una vez que ve algo lo grita sin piedad en mi cabeza e inunda todo sin dar tregua a lo que pueda o no pueda pensar, en ese proceso arduo que es el razonamiento. Hoy ha gritado. Llevaba unos días silbando por lo bajo... Dejando caer pequeñas notas de lo que hoy irremediablemente ha gritado. Soy mas perceptiva en exámenes, algo bueno tenían que tener...

Ahora sólo falta que la acusada se levante del estrado, la defensa ha hecho una gran labor pero en este caso no está la jueza habitual... La sentencia será de otra sala del tribunal donde probablemente no se haya escuchado la defensa y habrá que acatarla. No cabe recurso. Esta si que habrá que acatarla.

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