domingo, 6 de mayo de 2012

Recuerdos

A veces uno debe olvidarse de los recuerdos malos de la historia y quedarse sólo con los buenos. A veces el conjunto de ambos es más clarificador sobre tu propia vida.  Soy una persona con una memoria que tiende a ser selectiva. No sé en que punto eso es bueno o malo, pero sé que tengo muchos recuerdos en el alma, que se atesoran como las piedras más preciosas que se puedan tener.

Tengo 23 años, y nunca podré mirar las nubes sin recordar que para ella parecían algodón de despintar las uñas, y que por eso a veces estaban negras, o rojas, porque dependía del color de uñas que hubieran quitado. Puedo recordar el mismo instante en que dijo esa frase, igual que muchas otras.

Puedo recordar las inspecciones a mi “hucha cerdito” cuando necesitábamos calderilla. Una hucha que era una trampa porque la única forma de sacar lo de dentro era romper al pobre cerdito y sacar las moneditas con un cuchillo por la rendija era toda una odisea. Pero siempre lo conseguíamos y a día de hoy, el cerdito sigue vivo a los pies de mi cama, sin ninguna moneda dentro, pero pintado como una puerta de las mil cosas que le hacíamos.

Puedo recordar cuando las lentejas se vendían “silvestres” y había que seleccionarlas para quitarles las malas o los bichitos que podían tener y una vez estuvieran limpias meterlas en agua. Esa sensación de meter las pequeñas manos en las lentejas es algo que aun cuando compro lentejas tengo la costumbre de hacer, hundir la mano y sentir como se escurren entre los dedos intentando no ser cogidas.

Puedo recordar cómo le gustaban los huevos, o como le encantaba dibujar sus propios vestidos. Como tenía un cuaderno con todo lo que quería hacer en la casa y nunca hicimos, sus poemas, sus canciones, sus recetas…

Pero también puedo recordar el día que se la llevaron por primera vez, puedo recordarlo tan nítido como si hubiera sido ayer, cada detalle, cada sensación interna de una niña que no sabía lo que pasaba, pero que a la vez su interior lo sabía todo. Recuerdo la primera visita al hospital, recuerdo que aún eran televisiones de monedas las que había y no encontrábamos máquina para cambiarlas. Recuerdo aquella Navidad como la primera navidad del resto de mi vida, a pesar de que hubiera habido 5 más antes. Y sobre todo recuerdo aquella vez que la eché por primera vez de menos. Recuerdo todo. Todo aquello que nunca debiera haber sucedido sigue en mi mente, y seguirá siempre ahí, igual que seguirá ella.

 MADRE
Te digo al llegar, madre,
Que tú eres como el mar; que aunque las olas
De tus años se cambien y se muden,
Siempre es igual tu sitio
Al paso de mi alma.

No es preciso medida
Ni cálculo para el conocimiento
De ese cielo de tu alma;
El color, hora eterna,
la luz de tu poniente
Te señalan ¡oh madre! Entre las olas,
Conocida y eterna en su mudanza.

-JUAN RAMÓN JIMÉNEZ-

1 comentario:

José Antonio del Pozo dijo...

precioso texto, es verdad, la vida es ese compendio de recuerdos buenos y de los otros, y preservar la memoria de los seres queridos con el gusto y la emoción que tú lo haces es emocionante también.
saludos blogueros