¿Y en qué consistía vivir? Parecía
que dentro de sí misma había dos almas disputándose la lucha interna. El donde
vamos y de dónde venimos la agobiaba y angustiaba. Tomaba decisiones movidas
por un instinto irracional y después su otro yo le recriminaba la irresponsabilidad
de sus actos.
Responsabilidad. Una palabra que
iba y venía en su cabeza junto con tantas otras. Su flujo de pensamientos a
veces era demasiado difuso incluso para ella misma.
Qué extraño, podía pasar de la felicidad a la
culpa en pocos segundos y no se entendía. No se entendía en absoluto. ¿Por qué
tomaba aquellas decisiones?, o ¿por qué hacía aquellas cosas?...instinto se
decía…quizá.
No se arrepentía, sabía que era
algo que quería, pero eso no hacía que no se sintiera culpable, no podía evitar
sentirse culpable. Sentir esa pesadumbre de quien no está jugando limpio.
¿Y a dónde iba? La remota idea de
sentir que no sabía donde quería ir la asustaba. El tiempo la asustaba. Su forma
de pasar, su forma de esconderse entre los recovecos de la mente la
aterrorizaba. Pero era incapaz de reconocer ese miedo, materializar en palabras
lo que le apesadumbraba era como reconocer que carecía de esa fortaleza de la
que siempre hacía gala.
Pero la vida pasaba, y era mejor
no detenerse a pensar en ella, simplemente vivirla. En qué consistía o a dónde
llevaba en el fondo eran burdas preguntas que se hacía para justificar sus
días, pero le gustaba vivir de aquella manera frenética. De aquella manera
guiada de instintos que la aprisionaba.
La irresponsabilidad, la culpa,
la falta de remordimientos, eran algo más de su carácter, de su forma de ser de
niña que creció demasiado pronto. No sabía a dónde iría, de donde vendría o que
camino sería el siguiente, sólo sabía que pasara lo que pasara, se equivocara o
acertara, todo aquello la haría crecer, la haría aprender, y acaso ¿hay algo
más vivo que eso?
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