viernes, 5 de agosto de 2011

Miedos

A veces las personas prefieren vivir ceñidas a un mundo conocido, temerosas de sentir, temerosas de poner su alma en las manos de otro ser. ¿Soy yo acaso así? ¿Me embauco en sin sentidos únicamente con el objetivo de huir de aquello que me aterroriza?

Hace mucho tiempo ya, quizá menos del que me gustaría pensar, puse a alguien en una tesitura de elección difícil sin darme cuenta de que era a mí a la que ponía en la peor situación. De repente me vi arrojada a algo de lo que siempre he querido huir. ¿Cómo le iba a pedir a alguien que dejara su sentir en mis manos, si yo no era capaz de hacer lo mismo?

¿Es el miedo el que nos retiene en los corsés que nos aprietan a nuestro alrededor? ¿Es el miedo el que hace que huyamos despavoridos a la mínima que podemos? “La vida es maravillosa si no se le tiene miedo” dice Chaplin, ¿pero cómo nos libramos de esas cadenas que nos unen a la edad de la inocencia, esa en la que es el resto quien nos dice que tenemos que hacer y no depende nada de nosotros?

Es fácil decir que no se debe tener miedo, pero a veces se tiene, a veces ese miedo es el que nos empuja en una dirección o en otra, el que hace que nos quedemos atrapados en las comodidades de nuestra vida y no luchemos por aquel sueño que podría llamar a nuestra puerta. ¿Cómo voy a acusar a otra persona de tener miedo, cuando yo misma a veces me dejo atormentar por él?

Quien nunca ha tenido miedo, tiene toda mi admiración, pero en el fondo también mi lástima. El miedo es eso que también nos hace humanos, imperfectos, y acaso ¿hay algo más maravilloso que lo imperfecto?

No hay comentarios: