domingo, 20 de marzo de 2011

TEMPUS FUGIT

El paso del tiempo vuelve otra vez más crudamente a mi memoria. Somos insignificantes en el planeta y con el paso del tiempo esto se nos hace más patente. Miramos a nuestro alrededor y descubrimos que no somos nada, ni nadie. Seres de vísceras, venas, órganos… y a veces inteligencia que pasan por este mundo por un tiempo limitado. Unos dejan huella, otros pasan sin pena ni gloria. ¿Qué seré yo en este entramado de la vida? El sueño de todo mortal, dejar su marca para la humanidad de manera perpetúa. Ya lo dijo Bécquer “quién al fin al otro día, cuando el sol vuelva a brillar, de que pasé por el mundo, quién se acordará”.

Ese es el temor que me embarga, ser y no ser nada, como suele decir alguien. Pasar por el mundo sin ser nadie, sin dejar nada para la posteridad. Y sin embargo el tiempo pasa, y con cada año que cumplo veo que el tiempo se acaba. Con mi edad habían pasado tantos a la posteridad… y se me hace tan pesado ver que yo aún no he llegado a lo que me propuse en mi infancia. Quizá sólo fueran sueños infantiles “dejar mi nombre en los libros de historia”. He estudiado a tantos personajes a lo largo de mi vida, ¡y los que me quedan por estudiar! Y vuelve mi sueño con más fuerza que antes por mi cumpleaños.

Me siento tan mayor y siento que ya ha pasado para mí la edad de la inocencia tan consagrada a la literatura. Ya no me puedo escudar en mi edad pues ya paso la veintena claramente, y me encuentro en la edad donde la responsabilidad se hace patente. Pero si vuelvo la vista hacia el pasado, me siento igual que cuando era apenas una niña de quince años que empezaba a ver la vida. Me siento igual, quizá ahora vaya a la universidad y tenga amigos verdaderos, pero internamente siento que no he evolucionado en responsabilidad ni en nada, me siento igual. ¿Se deberá a que siempre he sido tan responsable que los veintitantos no me afectan en ese punto? ¿Será que siempre he sido igual? Me siento tan insignificante para todo…

Y otra vez vuelve a la memoria mis recuerdos, mis pesares, mis sentidos… vuelvo otra vez a analizar el paso de mi existencia, y qué más dará estar por tanto mañana vivo que estar muerto, si vamos a ser la misma persona eternamente, si es que existe la eternidad en este punto. Pero sólo puedo decir la famosa frase de «Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra» y pararme a pensar en su significado, en que el tiempo vuela, como las nubes, como las naves, como las sombras. Sólo pensar.

Volvamos a divagar en nuestro ser para ver que somos y que queremos lograr, mi cabeza me dice que espere, mi interior se niega a la paciencia… con los veintidós quizá aparezca la razón inquebrantable que me lleve a la inmortalidad.

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