viernes, 11 de marzo de 2011

Palabras. Divinas palabras.

Como sigo sin poder escribir, y ya he recuperado todos mis archivos, voy a seguir colgando fragmentos pasados. Porque como dijo Friedrich Schlegel "No puedo bridar de mi personalidad ninguna muestra más que un sistema de fragmentos porque yo mismo soy algo por el estilo: ningun estilo me es tan natural y facil como el de los fragmentos".


Cuando el "para siempre" es mañana y el "nunca" es ayer es cuando nos damos cuenta de que vivimos en la realidad. Cuando las palabras sólo son palabras y no son aquellas que escribió Valle descubrimos que el mundo es el de siempre. Divinas palabras...¡cuánto pueden crear unas míseras palabras en un ser humano!

Y sin embargo seguimos usándolas. Seguimos empleándolas cruel e insensiblemente con aquellos que yacen a nuestro alrededor. Sin pararnos a ver su verdadero significado. Sin pararnos a analizar cuál será su alcance.

Palabras. Pulcras palabras.

A veces las decimos, otras las gritamos, a veces las escupimos y en otros casos las moldeamos, creando algo más allá de ellas. Es probable que muchas veces le dediquemos nuestras palabras a alguien que las merezca mucho menos que el billete de tranvía del madrigal de Alberti. Y muchas veces las recibimos de gente que no sabe siquiera que está diciendo.

Palabras. Secretas palabras.

Y esas letras que juntamos nos provocan sensaciones que no deberían florecer, llegan incluso a provocar emociones. El lector ingenuo de esas palabras, se envuelve en ellas, y se deja arrastrar a las cimas desoladas, donde sólo habita el alma, si es que esta existe.
Palabras que pueden hacer bien o que pueden causar el peor de los males. Palabras que te dicen para hablar pero que sólo consiguen que te cayes.

Palabras. Dolorosas palabras.

¿Pero quién es quien las pronuncia? El ser, o el no ser. Se supone que la persona adecuada es quien las ha de pronunciar. Pero cualquiera es capaz de inventarlas y así convocar todos los misterios que de ellas se desprenden. El ser que las pronuncia buscando la irracionalidad del otro, teniendo a veces este la mala suerte de encontrar esa irracionalidad, cuando el emisor ha perdido la suya.

Palabras. Irracionales palabras.

Hablamos del "nunca" como si existiera y hablamos del "para siempre" tan alegremente que no nos paramos a ver que la infinidad del tiempo en ese aspecto es limitada. Y a veces las palabras dañan mas el orgullo que otra cosa. Pero hablamos del orgullo, o de la vanidad...puede que incluso de dignidad. Y son sólo palabras, simples palabras que llevan al caminante a perecer. Que se mezclan con el Duero de Gerardo Diego y que viajan por las venas de las personas hasta llegar a su destino final.

Palabras. Dolientes palabras.

Y hoy como ayer, y mañana como hoy seguimos buscando el sentido a lo dicho o recibido, mas por suerte la memoria cede y pronto las palabras volaran al más recóndito rincón de donde no han de ser rescatadas. Todo perece, incluidas las palabras. Pero ojalá eso ayude al receptor ya que el emisor nunca se ha de preguntar donde llegó lo que dijo o donde aparcó lo olvidado.
Deshagámonos de las palabras, borremos una a una sus letras...costará, pero no hay tarea tan dura, si siquiera la de Atlas, que la poeta no pueda superar.

Palabras. Efímeras palabras.

Hasta el destino hará con las palabras lo que le sea mandado . Abramos las ventanas de una vez, para que el viento de la tarde me haga olvidar todo aquello que he apuntado.
Volad palabras, volad. Libres sois del pensamiento, volad por encima mío que yo nada quiero vuestro, y si acaso lo deseara volad también con este fragmento desecho, a donde nadie vea mis palabras, donde nadie lea que he escrito de nuevo. Salir huyendo de aquí y dejadme con mi paz. La que un día sin vosotras construí y que vinisteis dichosas a quebrar.

Palabras. Maléficas palabras.

Ojalá estuvierais escritas en papel donde sólo con la mano yo os rasgara, y así por fin desaparecer sin generar ese eco en mi calma. Desaparecer ya de aquí, como hizo quien en mí os dejara, desaparecer por fin, huir por mi ventana. Que no hay cosa que deseé más que volver a la racionalidad del vocabulario, donde las palabras para mí sólo se hallaban en el frío diccionario. Donde sus ecos dormían y los acentos no hablaban, donde en mi mente yacían solo los versos de gracia.
Huid palabras, huid, al último rincón de mi alma, para que al fin seáis palabras. Sólo olvidadas palabras

No hay comentarios: