sábado, 15 de enero de 2011

Basado en un poema

Como siempre antes de exámenes, la pasada semana, para seguir mis manías habituales en estos asuntos, me leí las Rimas de Bécquer una vez más. ¡Cómo si me hiciera falta leérmelas porque no me supiera la mayoría! Para muchos un libro muy trillado, para mí el primer libro de Poesía que me compre, y el primer autor que me descubrió, como él dice, que un Poema cabe en un verso. Soy de las que opina que a Bécquer le ha hecho mucho daño esa "popularidad" entre las colegialas, que llenaban sus carpetas con sus trillados versos. Pero la magia de Bécquer está en esos poemas que no todo el mundo se sabe. Los poemas que a mí por ejemplo, cada vez que los leo me recuerdan una historia pasada distinta, que soy capaz de leer una y otra vez y según el estado de ánimo encontrarles uno u otro significado.


Pero en verdad esta entrada no tiene como objetivo defender a Bécquer de aquellos que no le terminan de apreciar. Sino la reflexión que uno de sus poemas me produjo. Hablo de la Rima LXXXIX, para aquellos que no la conozcan es la siguiente.


Una mujer me ha envenenado el alma
otra mujer me ha envenenado el cuerpo;
ninguna de las dos vino a buscarme,
yo de ninguna de las dos me quejo.

Como el mundo es redondo, el mundo rueda.
Si mañana, rodando, este veneno
envenena a su vez ¿por qué acusarme?
¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?


Entre muchas otras, esta vez me quedé con esta. Porque a fin de cuentas es verdad. El mundo gira. ¿A quién no le han hecho daño alguna vez y lo ha guardado creyendo que eso le serviría en un futuro para prevenirse y afrontar otro "ataque"?

Pasamos por esta vida siendo humanos, unos más que otros. Todos susceptibles de envenenar y de ser envenenados. Unos más sensibles, otros más duros, otros débiles que juegan a ser leones, y otros y otros… Envenenarse nos ocurre a todos, ¿cómo ser capaz de no transmitir ese veneno?

Yo una persona envenenada (como dice el poema por dos personas distintas), ¿cómo puedo seguir creyendo en que el mundo no nos quiere envenenar? Imposible de no tener la certeza de no transmitir ese veneno me alejo de cualquiera susceptible de caer, no quiero ser como aquellos que vinieron a envenenar, aunque no fuera su intención. Quiero guardar ese veneno hasta que desaparezca, pero como el mundo gira no se cuanto podré guardarlo antes de soltárselo a alguien involuntariamente.
Y busco la huida. Mi instinto más primario, huir. Eso que tanto me gusta y que generalmente sigo, porque cuando no lo sigo me acabo estrellando. Huir. ¡Qué bien suena para mí! Siempre buscando algo preciso, algo que cumpla o que quiero y cuando parece que lo encuentro, el pánico me dice que he de huir. Miedosa por naturaleza, mi peor enemigo soy yo, que no confío en mi misma, que soy mi abogado y mi verdugo, que soy esa cabecita pensante que no es capaz de abandonar la racionalidad.

Quien dijo que no era humana se equivocó. Soy humana como la que más. Mi problema es peor aun que haber perdido la humanidad y es que me da tanto miedo lo humana que soy que me pongo las mil corazas protectoras de veneno. Por suerte o por desgracia, hay cosas para las que el acero no está preparado y ese veneno llega.

Como envenenada escribo, algo que seguramente no tenga mucho sentido. Pero me gusta divagar, perderme en mi mundo y escribir sin saber muy bien lo que digo. Una forma de conocerme a mi misma, una forma de darme al mundo a conocer. Escribir… Y recuerdo que no he sido capaz de volver a escribir un poema, ¿será culpa del veneno? ¿será el precio a pagar? Quién sabe. De momento lo dejo aquí. Una reflexión como otra cualquiera, de un sábado cargado de melancolía, cargado de metáforas que a fin de cuentas son los hilos que mi corazón lían.

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