domingo, 29 de abril de 2012

Quién pudiera volver a sentir

A veces la literatura se nos escapa de los dedos pero es lo único a lo que nos queda aferrarnos para sentirnos vivos. Los sentimientos desaparecen y dentro ya no queda nada. Sólo un eco, sólo un vacío huraño que nos conduce a tiempos remotos a los que no queremos volver.

Sentir o no sentir, vivir o no vivir.

Lanzados a este mundo como seres irracionales que nos aferramos a la racionalidad, etiquetamos todo lo que nuestro interior nos dice. Pero el grave problema es cuando ya no nos dice nada. Es como aquel cuento en el que el malo se moría por volver a sentir el sabor de una manzana porque aunque podía comerla en sus labios le sabía a ceniza.

El amor ha desaparecido si es que alguna vez existió en mí y todo lo que vaga a mi alrededor son meras cenizas que alimentan pero no deleitan. Puedo entregarme al ardor de unos brazos en un momento y no sentir nada después de que el calor se haya convertido en hielo.

Una vez fui algo parecido a un ser irracional y enamoradizo que suplicaba ser de hielo para no sentir nada. No sé como el deseo se cumplió y aquel que me dijo que no era humana consiguió que así fuera. Sin embargo ahora extraño aquel dolor que se sentía al amar o no amar. Ahora extraño el mar incontrolable en mi interior.

Siempre he descrito mis entrañas como un salón donde todo podía estar ordenado si estaba en calma, o desordenado cuando estaba en caos. Ese salón ahora parece ordenado pero no lo está. Las motas de polvo dejan entrever que los jarrones y demás figuras están algo desplazas de su sitio. Desde fuera parece estar todo absolutamente pulcro y colocado, pero yo sé que no es así, sé que hay un caos disfrazado que no sabe por dónde salir, porque no siente nada.

Qué cierto es el poema de Machado, aquel poema que fue el primero que leí, aquel “Yo voy soñando caminos”. Hoy comparto más que nunca esas dos estrofas que marcan el poema:

[…] “En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón”

[…]“Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada”.


Quien pudiera volver a sentir el caos. Simplemente quien pudiera volver a sentir.

No hay comentarios: