A veces decimos palabras sin
sentirlas, solamente por el mero hecho de que sabemos que la otra persona
quiere escucharlas. Hacemos una publicidad de nosotros mismos con esa frase que
sabemos que provocará en la otra persona lo que deseamos provocar. Sin embargo
no las sentimos… ¿o sí?
He usado muchas veces una frase
que pensaba carente de significado “emocional” y sin embargo parece que empieza
a tenerlo ahora, aunque no debiera, porque implica que voy camino a la máxima
complicación. Pero hoy me he descubierto un poco a mí misma.
Probablemente las mentiras que
nos contamos a nosotros mismos sean a veces las peores, pero es aun peor cuando
esas mentiras no son intencionadas. Cuando vives engañada por ti misma sin
saber siquiera que te encuentras en ese estado, hasta que de repente por un
resquicio de la funda se cuela un gesto, un pensamiento, un recuerdo que te
hace darte cuenta que a lo mejor estás caminando sobre una descomunal masa de
ceniza incandescente.
Sí, ese es un buen ejemplo. La
gente que realiza ese tipo de actividad, la de pisar cenizas ardiendo sin
quemarse lo hacen, en teoría, porque tienen una sintonía con su mente que les
hace que no sientan el dolor, pero probablemente si esa “sintonía” se rompe
sentirían como se queman sus pies. Pienso que estoy empezando a sentir mis pies
calientes últimamente y solo será cuestión de tiempo que esa sintonía que ahora
empieza a flaquear, se rompa de todo y sienta el fuego y las quemaduras que él
provoca.
Mis palabras vacías de
significado que a veces sin saberlo, ni quererlo se llenan. Las tuyas son igual
de vacías que las mías, pero que no se llenarán.
Han llegado a mis oídos historias
tan parecías como esta que me sorprende que yo misma haya caído en una de
ellas, cuando precisamente tenía un enorme letrero recordándome lo que
acontecía. ¡Pero sorpresa! Aquí estoy yo sentada escribiendo sobre algo que me
prometí no escribir. Y entonces pienso, a lo mejor sí que todo sigue vacío y
carente de significado, y solamente es mi yo melancólico, lejano de mi mundo
habitual, que trata de desconcertarme haciéndome creer lo que no creo que sea
de mí, con el único objetivo de conseguir que me siente delante de la hoja a
escribir…
Hacia tanto tiempo que no
escribía, que no sentía la maravilla de tener una frase en la cabeza con el único
objeto de desarrollarla… que no sentía mis dedos perderse en el teclado
escribiendo sin sentidos.
Y aquí estoy escribiendo sobre
palabras vacías. Probablemente sea como el conductor suicida de la canción de
Sabina. El mejor dotado de los conductores, encerrado en un callejón sin
salida. Sin embargo algo me dice que esto no es igual que entonces, que yo no
soy igual que entonces y que el tú que escribo ahora no es el tú que escribí
ayer. Pero me recuerda tanto, a veces me recuerda tanto… que este tú, parece
tú, y estas palabras vacías son como el eco
de las ya pronunciadas entonces. Tú o tú, él o él, sin sentido o con
sentido, mismas palabras distinto papel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario