sábado, 12 de noviembre de 2011

mismas palabras, distinto papel


A veces decimos palabras sin sentirlas, solamente por el mero hecho de que sabemos que la otra persona quiere escucharlas. Hacemos una publicidad de nosotros mismos con esa frase que sabemos que provocará en la otra persona lo que deseamos provocar. Sin embargo no las sentimos… ¿o sí?

He usado muchas veces una frase que pensaba carente de significado “emocional” y sin embargo parece que empieza a tenerlo ahora, aunque no debiera, porque implica que voy camino a la máxima complicación. Pero hoy me he descubierto un poco a mí misma. 

Probablemente las mentiras que nos contamos a nosotros mismos sean a veces las peores, pero es aun peor cuando esas mentiras no son intencionadas. Cuando vives engañada por ti misma sin saber siquiera que te encuentras en ese estado, hasta que de repente por un resquicio de la funda se cuela un gesto, un pensamiento, un recuerdo que te hace darte cuenta que a lo mejor estás caminando sobre una descomunal masa de ceniza incandescente. 

Sí, ese es un buen ejemplo. La gente que realiza ese tipo de actividad, la de pisar cenizas ardiendo sin quemarse lo hacen, en teoría, porque tienen una sintonía con su mente que les hace que no sientan el dolor, pero probablemente si esa “sintonía” se rompe sentirían como se queman sus pies. Pienso que estoy empezando a sentir mis pies calientes últimamente y solo será cuestión de tiempo que esa sintonía que ahora empieza a flaquear, se rompa de todo y sienta el fuego y las quemaduras que él provoca. 

Mis palabras vacías de significado que a veces sin saberlo, ni quererlo se llenan. Las tuyas son igual de vacías que las mías, pero que no se llenarán. 

Han llegado a mis oídos historias tan parecías como esta que me sorprende que yo misma haya caído en una de ellas, cuando precisamente tenía un enorme letrero recordándome lo que acontecía. ¡Pero sorpresa! Aquí estoy yo sentada escribiendo sobre algo que me prometí no escribir. Y entonces pienso, a lo mejor sí que todo sigue vacío y carente de significado, y solamente es mi yo melancólico, lejano de mi mundo habitual, que trata de desconcertarme haciéndome creer lo que no creo que sea de mí, con el único objetivo de conseguir que me siente delante de la hoja a escribir…

Hacia tanto tiempo que no escribía, que no sentía la maravilla de tener una frase en la cabeza con el único objeto de desarrollarla… que no sentía mis dedos perderse en el teclado escribiendo sin sentidos.
Y aquí estoy escribiendo sobre palabras vacías. Probablemente sea como el conductor suicida de la canción de Sabina. El mejor dotado de los conductores, encerrado en un callejón sin salida. Sin embargo algo me dice que esto no es igual que entonces, que yo no soy igual que entonces y que el tú que escribo ahora no es el tú que escribí ayer. Pero me recuerda tanto, a veces me recuerda tanto… que este tú, parece tú, y estas palabras vacías son como el eco  de las ya pronunciadas entonces. Tú o tú, él o él, sin sentido o con sentido, mismas palabras distinto papel.

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