lunes, 31 de diciembre de 2012

Adios 2012, Welcome 2013

La fugacidad del tiempo que se va, el inicio de algo que se ve en el horizonte como una nueva oportunidad de empezar o quizá de continuar. Los días que han pasado en este año que tocan nuestro interior como las manos sobre un piano que no cesa.

Los meses, los días, las horas, los meros segundos que se han escurrido en 2012, llenándose de ecos que resonarán en nuestra mente mucho más tiempo del que ahora mismo creemos. Los recuerdos, los voraces instantes que se atesoran para que no perdamos de vista eso que llamamos experiencia.  Cada uno tiene los suyos. Para cumplir con una de mis habituales tradiciones yo haré balance de mi año en esta entrada.

Podría enumerar todas las experiencias que me ha deparado este año, la forma de crecer fuera de casa, la forma de construirme y destruirme una y otra vez, el año de Glasgow, Londres, París, los viajes, a fin de cuentas el año de demasiadas cosas. Wilde decía qué los experiencia carece de valor ético y que únicamente es el nombre que le damos a nuestros errores. Puede ser o puede que no. El tiempo cede en nuestra mente, y se llena de aquellas cosas que creemos que necesitamos tener para enfrentarnos a la siguiente etapa o al siguiente año de una forma distinta. Y por una vez no sé exactamente qué decir de este año que nos deja.

Muchos viajes, luces y sombras de una misma vida, de un alma o de un no alma capaz de descongelarse y congelarse de nuevo en pocos meses, a la luz del verano y la vuelta del invierno. La idea de llegar a conocerse a uno mismo es la que impera finalmente cuando hacemos balance. ¿Nos conocemos cuando nos miramos en el espejo el día 31? Quién sabe, a lo mejor es el espejo el que nos conoce mejor que nosotros mismos.

Ha habido demasiadas cosas en estos 12 meses, muchas cosas vividas, muchas cosas que creí vivir, la eterna dicotomía de lo real y lo que habita en nuestros sueños.  La vida que fluye entre el avance imparable del reloj y el calendario.

Pero esta vez casi más que hacer una reflexión sobre el año que dice adiós, prefiero pensar en el que está tocando ya a nuestra puerta. 2013 será un cambio de etapa. Es la típica frase, pero será así, el fin de la carrera, el inicio de otra vida… empezar a ser adulta de verdad y empezar a distinguir que veo al otro lado del espejo. El año de descubrir si existe el alma o no.

Lo que se va, y lo que viene tiene un mismo origen, pero no sabemos cuál es su destino. Probablemente estemos como el Caminante de Friedrich al borde de la montaña contemplando el mar de niebla que es futuro que se abre ante nosotros, esa búsqueda del yo individual que sólo con el avance se encuentra.

2012 será otro de esos años que nos habrán convertido en lo que somos, aunque no tengamos muy claro lo que seamos: buenos, malos, oscuros, claros, fríos, ardientes… con suerte humanos. Pero el camino andado no puede detenernos en el que nos queda por andar, porque como decía Machado es la única forma de hacer camino.

Ser, o estar… vivir… empezar o continuar. La eternidad imparable del tiempo se abre ante nosotros, juguemos en este reloj sin manillas y miremos adelante. Adelante siempre.

Adios 2012. Welcome 2013
 

jueves, 20 de diciembre de 2012

¿Y si el mundo se terminará mañana?


¿Y si el mundo se terminará mañana? ¿Y si este fuera el último día que tenemos en esto que llamamos existencia?

Sería un día más. Sólo un día más en el que algunos harían todo eso que no han hecho y ahora se arrepienten, donde otros simplemente se sentarían a tomar café pensando en su existencia, donde otros correrían buscando un Salvador sin nombre aferrandose a una esperanza probablemente inexistente. Otros irían a la iglesia a redimir sus pecados por temor al infierno y otros se dedicarían a cometer más en esas últimas 24 horas para llegar al paraíso de fuego.

¿Y yo? ¿Qué haría yo si mañana se acabará el mundo y supiera que sólo tengo hoy? Sentarme y escribir, los momentos pasados y los deseos de ese futuro que no existiría. Probablemente yo sería de las que se quedaria tomando café. Sola. Conmigo misma. El mundo se acabaría y tendría que hacer balance. No de sí he sido buena o mala, que ya lo sé, sino de si he vivido o simplemente he pasado por el mundo. Probablemente ese sea el temor de todos, saber hasta que punto hemos vivido y hasta cual podríamos haberlo hecho. Hasta dónde hemos amado y hasta donde nos hemos dedicado a cerrar el corazón en falso.

Lamentaría dejar este mundo sin saber la respuesta a esto último. No saber si tengo o no corazón debajo de todas esas capas que le he puesto a algo que bombea sangre de manera involuntaria. Y sé que pensaría en aquel poema que escribí hace ya unos seis años, "en los besos que saben a vacío"... Pensaría en los secretos guardados, en los sentimientos escondidos, en las miradas disfrazadas tras unas gafas de sol, en las fotos que no he hecho, en las palabras que he callado... Pero de nada serviría... Apenas quedarían horas para decir todo lo que nunca dije... lo que nunca diré. Mis más recónditos miedos...

Si el mundo se terminará mañana lamentaría no haber amado como siempre quise amar. Mi asignatura pendiente radica en el corazón a pesar del todo, lo que algunos me acusaron de infravalorar. Lo que sin embargo sobrevaloro. Sólo un instante lo rocé, lo vi, casi lo sentí... Pero podría decirse que fue hace tanto... Si mañana se terminará el mundo eso sería en lo último que pensaría, en mi estúpida razón que nunca me ha dejado en paz, en el alma compleja que examinaba con minuciosidad las motas del aire con más interés que a su propio interior. Pensaría que soy estúpida y sin embargo no encontraría el camino para desandar mi error y no me arrepentiría de la predicción de los Mayas.

Por eso si mañana se acabará el mundo, diría que casi me hace un favor...


lunes, 10 de diciembre de 2012

Esa vida

Podía buscar todas las justificaciones que quisiera, todos los argumentos enrevesados que deseara, pero en el fondo sabía que aquello no era la vida. Quizá fuera vivir, pero no la vida. Lo había descubierto no hacía mucho, y había estado a punto de cambiar. Inmensamente cerca. Pero había perdido el aliciente que había encontrado para hacerlo. No sabía ni quiera si podía llamarlo aliciente porque realmente no sabía si había sido eso o solamente algo efímero que se había escurrido entre las páginas de un libro de tapas verdes.

Esa vida, ¿era vida? 

Aún así, en verdad, no se crecía ante la adversidad. Era cobarde, inmensamente cobarde. Construía una figura enorme de cartón que la representaba mientras ella yacía escondida y temblorosa acurrucada en un rincón esperando que lo temible pasara y confiando que ninguna ligera ráfaga de viento volcara aquella fachada y quedara al descubierto su secreto. Era débil.

No era buena en la guerra, simplemente había tenido suerte en las batallas. Pero sabía que esa suerte se terminaría. Ya la había fallado en algunos puntos y sabía que no podía dejarse arrastrar por algo tan inseguro como el azar. ¿Pero cual era la alternativa? ¿Qué opciones tenía? Se abría ante sí un paraje oscuro habitado de la nada, que le daba pavor. Se sentía inútil y vulnerable. Incapaz de dar un paso hacia ningún sitio, quería dejarse llevar por la corriente que ya no soplaba en ninguna dirección y se sintió presa de sí misma. Encerrada en una estancia diáfana, sin paredes, pero más poderosa que la peor de las rejas.

El problema de vivir como ella vivía es que en ocasiones tenía la sensación de no saber si era alma de campo de batalla o alma de aguas tranquilas. Ansiaba la calma demasiado cuando estaba en guerra y sin embargo tenía miedo de no poder vivir sin ello. La calma sin la tempestad… No sabía si sería capaz de vivir alejada de aquello en lo que sólo sobrevivía por suerte.

Y vivía, si podía llamarlo así, segmentando al mundo que la rodeaba, compartimentando todo, aterrada de no ser comprendida. No podía explicar donde hallaba placer o que le hacía sentirse mal, explicarle a alguien que significaba para ella una melodía, o que sentía cuando alguien la abrazaba.

Y sabía que todo ello estaba aparejado a esa existencia que llevaba.