sábado, 22 de septiembre de 2012

La monotonía de la noria

A quien culpar 
si sólo soy un necio sin alma 
o quizá un alma sin necedad.

A quien culpar 
si el después son los despojos 
de un camino de rastrojos 
llenos de necesidad.

A quien decir 
que los versos de la esquina, 
escondidos en cenizas 
son aquellos que escribí

A quien decir 
que la escalera funesta, 
que sube y baja perversa 
lleva al camino que vi

Por qué cortar las luces de escarcha,
que buscan en la mirada 
las palabras de la mar.

Por qué sentir los quejidos 
que yacen pidiendo motivos 
que nadie sabe encontrar.

De que sirve tener azules 
las ventanas que prendimos 
si nadie las va a sentir.

De que sirve tener granadas
colgando en las madrugadas
del efimero carmin.

Si todo ha perdido el rumbo
y el eje que gira el mundo
me ha llevado al despertar.

Si todo cuanto he soñado
desnudo de sentimiento
ha despertado ciego 
en la pura inmensidad.

Cerrando el alma firme 
de este payaso de mimbre 
que nunca logro vivir,
viviendo entre caballitos, 
en la monótona noria 
que siempre llega hasta el fin.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Como una sala de vistas

Maldita cabecita pensante. A veces seria maravilloso ser un simple oyente, simplemente un ente que observa y oye en este mundo particular. Así la cabeza estaría llena de cosas de otros probablemente.

Conozco a la mejor fiscal y a la juez más implacable del condado. Pero también tengo sentada en la defensa a la mejor abogada posible. Y así transcurre gran parte de esta película. Esa es la sala donde los temas tratados son demasiado diversos y donde la acusada entra y sale de mil y una maneras distintas de los muchos delitos que figuran en una hoja que nadie sabe quien ni como se ha escrito.

La sala de juicios, el salón, la ventana... Creo que deje demasiado pronto de estudiar a los filósofos y a los grandes pensadores. Quizá ahora me entendería más. Aunque en el fondo lo peligroso de mi mente es lo que se combina con mi instinto. Una vez alguien me dijo que las personas no actuábamos por instinto, pues éramos seres racionales. Se equivocaba absolutamente y quizá como dice mi adorado Wilde la definición racional para persona se dio demasiado rápido y de forma ligera.

Mi instinto casi nunca se equivoca. Y es capaz de ver a años luz de lo que ve mi razón. Es imparable porque una vez que ve algo lo grita sin piedad en mi cabeza e inunda todo sin dar tregua a lo que pueda o no pueda pensar, en ese proceso arduo que es el razonamiento. Hoy ha gritado. Llevaba unos días silbando por lo bajo... Dejando caer pequeñas notas de lo que hoy irremediablemente ha gritado. Soy mas perceptiva en exámenes, algo bueno tenían que tener...

Ahora sólo falta que la acusada se levante del estrado, la defensa ha hecho una gran labor pero en este caso no está la jueza habitual... La sentencia será de otra sala del tribunal donde probablemente no se haya escuchado la defensa y habrá que acatarla. No cabe recurso. Esta si que habrá que acatarla.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Quizá la noche

Lo reconozco hay noches en las que de repente tengo miedo. En las que lo siento agudizar en mi interior, en las que palmita incesante en cada recoveco de eso que llamamos alma. Y sin embargo hace tanto tiempo que no sentía este miedo... Y aun así este es distinto a otras veces, más sincero, más inseguro, más receloso. Porque sabe lo que se está jugando. Sabe que ha apostado lo poco de espíritu que queda dentro, a esa carta.

Y la noche, esa noche de Lope es la que despierta la insaciable sed de pensamientos. La noche donde la lucidez literaria siempre ha imperiado. La noche que envuelve... La noche que despereza la soledad dormida de la mente. La noche que tanto cambia a los mortales... Mi noche. La apertura de la caja de Pandora entre mis sueños. Porque la vida es sueño, como escribiría Calderón... O aquel monólogo de shakespeare donde morir era dormir y dormir soñar. Los sueños, la noche, la literatura... Los pedazos de mi vida todos juntos.

Y al alba toca despertar, con todos los sueños, con todos los miedos... Para subirse a la vida de la que nos hemos bajado como quien abandona los tacones después de un dia duro. Despertarse... Esperando que llegue la noche para divagar de nuevo... Para nadar entre miedos y sueños. Porque eso es la vida, el calor y el frío. El cielo y el infierno. El hielo y la lumbre. El todo y la nada... Quizá la razón y yo.

Y quizá la noche... Y quizá esta noche vuelva la corriente que recorre mis dedos cuando escribo, el viento q arrulla mis ideas, la imparable soledad de la palabra que enturbia mi miedo. Quizá esta noche. Quizá.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Matemática pura

Hablemos del dolor, ese que tanto tratamos de evitar pero que está implicito en la vida del ser humano. Definido según la RAE  como:

"Sensación molesta y afectiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior."
 
 
Hay personas que nos pasamos toda la vida tratando de evitar esa clase de dolor que causan los males cardiacos. Buscamos mil y una excusas para no caer en los pérfidos brazos de eso que llamamos amor y evitar así el sufrimiento que tarde o temprano este nos causará. Nos inventamos figuras sustitutas cayendo incluso en el cinismo o la frivolidad para evitar, que por un resquicio de sentimiento se cuele ese algo que nos conduzca a la perdición.
 
Podéis llamarme tremendista o negativa por algo tan ingenuo como el sentimiento de dos partes que culminan en un todo incierto, donde hasta esas dos partes se ignoran. Podéis tacharme de aquello que estiméis, pero sabéis que lo que digo es cierto. Que el amor, si es que existe tal y como nosotros pensamos, da sabrosos frutos que tarde o temprano perecen como la fruta madura que es comida por el gusano en su plenitud.
 
Por eso llevo demasiado tiempo escabulléndome de él con éxito, escapando de sus tentáculos atrapadores y sustituyéndolo con pequeños "algos" que  sirven para poder darle un impulso a esta vida de la que disfrutamos. "Algos" que sin duda no alimentan pero engañan llenando de aire aquello que debería estar alimentado.
 
Pero a veces, sólo a veces, me planteo si acaso esto es contraproducente. Rehúyo aquello que creo puede causarme daño sin pararme a pensar si es un precio justo por lo que se obtiene. Probablemente el amor cause daño, probablemente caer enamorado sea complementario a resquebrajar el corázón en cientos de pedazos, para poder luego volver a ensalzar con paciencia las piezas, en un proceso necesario para los seres humanos. Probablemente lleve huyendo mucho tiempo de un daño mayor refugiándome en sin sentidos que me han causado pequeños daños de esos que yo consideraba asumibles, pero que en suma son mucho peor que ese que evito. La suma de pequeños dolores al final culmina en un daño mayor al previsto en la otra ecuacion amorosa. Si aplicas el sumatorio es matemática pura.
 
Nos han hecho creer durante muchos años que de los errores se aprende. Puede ser cierto o no, pero probablemente sufrir en algún punto sea eso que nos hace formarnos un determinado carácter, un determinado espíritu, una determinada alma mas llena o vacía de contenido. Y si es así... ¿Habrá llegado la hora de tirar los muros y pensar que hay que desproteger ese valioso órgano llamado corazón? ¿Será más efectivo fundir el acero que lo recubre y que lo ha dejado amortecido tanto tiempo?
 
No lo sé, porque ni siquiera sé con seguridad certera si tengo de eso. Quizá sea el momento de no rehuir, sino de asumir un padecimiento incierto en base a unas probabilidades no concretas. Pero simplemente todo sean reflexiones que parecen repetirse una vez y otra empujadas por el temible vacío que aún colea con miedo en mi interior, aferrándose temeroso a desaparecer. Quizá romperme por dentro no sea mala idea en el fondo, quizá así pueda albergar algo en mi interior capaz de despertar un eco que rompa el silencio inaguantable que no quiebra mi voz.