jueves, 21 de junio de 2012

Simplemente una noche

Simplemente una noche, unas estrellas, o una soledad infinita rodeada de personas, es lo que te lleva al punto inexplicable del razonamiento peculiar de tu insaciable razón. Una canción de fondo. El pensamiento inerte en tu cabeza. Pero en verdad no piensas porque no tienes nada sobre qué pensar. Simplemente el poso de lo que podemos llamar un café especial, ha decidido revolverse dentro de la taza de té que tienes depositada en la estantería del salón y que habías olvidado allí.

Caminas por el mundo sin pensar, porque el alma que ya no sabes donde reside se niega a ello. Te abandonas en la noche a tus propios sueños donde aún queda algo de eso que algunos llaman espíritu. Has decidido tejer tus días con un hilo que ni entiendes ni quieres entender. Los vives unos en pos de otros teniendo que bloquear tu mente al acostarte no sea que te des cuenta de la vida en la que resides. Y usas la expresión de esa película que tanto te encanta “ya lo pensaré mañana” para poder conciliar el sueño en medio de una mente vacía síntoma de un alma más vacía aún.

La has llenado de eso que llamas “tu pasión” y que en el fondo es lo que mantiene la circulación de tu flujo sanguíneo recordándote viejas ínfulas de un mundo que creíste que era y descubriste que no.

La vida, ese ente complejo que nos rodea y que nos hace pensar cómo será para el resto nos ata al mundo en que se puede decir que sobrevivimos en una multitud que no sabe para qué y cómo lo hace el vecino de al lado. Pequeños mundos individuales viajan por la misma calle que recorres cada día mientras comparas tu interior con sus exteriores, sin pararte a pensar que esconden más allá de sus vendidas expresiones.

Y otra vez la misma sensación, parar de pensar para dejarte caer en la calma de un mar que esconde tempestades bajo sí, parar de pensar para poder conciliar el sueño… o quizá pensar para poder volver a recuperar las palabras perdidas que hacía noches no te visitaban. Y como dijiste una vez, qué más da si estas palabras tienen o no alma, y quién sabe si ni siquiera en ti queda alma… podría ser peor, quizá ni poesía.

¿Se puede vivir sin alma? No lo sé, quizá ya sí, quizá ninguno tengamos alma, quizá ninguno tengamos vida… y en verdad seguramente pueda vivir sin alma, pero nunca podría vivir sin poesía.