sábado, 18 de febrero de 2012

versos de un día...versos de un ayer

Echando de menos los versos que ya no vienen....


Maldita realidad que construyes mi imposible,
maldita realidad que destruyes mi esperanza,
ingenuo sentimiento que un día me alcanzaste,
destrózame verdad ya que nunca me adoraste.

Todo pasa, todo vuela, todo huye tras de mí.

Estúpida ánima, que soñaste alguna vez,
inconsciente volátil que siempre le quisiste,
te engañaste y me engañaste mas fue inútilmente,
ya que ni el tiempo ni el espacio consigue distraerme.

Todo pasa, todo vuela, todo huye tras de mí.

¡Desaparece corazón que no paras de matarme!
Sal de mi cabeza pensamiento doliente,
mátame de golpe pero no me dejes desangrando,
saca la espina de este cuerpo torturado.

Todo pasa, todo vuela, todo huye junto a mí.

Sacaré alguna vez la cordura hacia delante,
conseguiré al fin que la paz me llegue,
mi verdadero príncipe en su corcel se acerca,
otra vez es mi sueño el que me desvela.

Nada pasa, nada vuela, nada sale ya de aquí.

Se termina el alma y se estremece junto a mí,
mi corazón se niega, mi cabeza muere y todo brilla su sentir,
entonces el inconsciente me revela quien soy yo,
entonces me doy cuenta que aquí yace mi pasión.


Nada ocurre, todo se siente y yo vivo ya sin ti.

jueves, 9 de febrero de 2012

Sólo un trocito


¿Y en qué consistía vivir? Parecía que dentro de sí misma había dos almas disputándose la lucha interna. El donde vamos y de dónde venimos la agobiaba y angustiaba. Tomaba decisiones movidas por un instinto irracional y después su otro yo le recriminaba la irresponsabilidad de sus actos.

Responsabilidad. Una palabra que iba y venía en su cabeza junto con tantas otras. Su flujo de pensamientos a veces era demasiado difuso incluso para ella misma.

Qué  extraño, podía pasar de la felicidad a la culpa en pocos segundos y no se entendía. No se entendía en absoluto. ¿Por qué tomaba aquellas decisiones?, o ¿por qué hacía aquellas cosas?...instinto se decía…quizá.
No se arrepentía, sabía que era algo que quería, pero eso no hacía que no se sintiera culpable, no podía evitar sentirse culpable. Sentir esa pesadumbre de quien no está jugando limpio.

¿Y a dónde iba? La remota idea de sentir que no sabía donde quería ir la asustaba. El tiempo la asustaba. Su forma de pasar, su forma de esconderse entre los recovecos de la mente la aterrorizaba. Pero era incapaz de reconocer ese miedo, materializar en palabras lo que le apesadumbraba era como reconocer que carecía de esa fortaleza de la que siempre hacía gala.

Pero la vida pasaba, y era mejor no detenerse a pensar en ella, simplemente vivirla. En qué consistía o a dónde llevaba en el fondo eran burdas preguntas que se hacía para justificar sus días, pero le gustaba vivir de aquella manera frenética. De aquella manera guiada de instintos que la aprisionaba.

La irresponsabilidad, la culpa, la falta de remordimientos, eran algo más de su carácter, de su forma de ser de niña que creció demasiado pronto. No sabía a dónde iría, de donde vendría o que camino sería el siguiente, sólo sabía que pasara lo que pasara, se equivocara o acertara, todo aquello la haría crecer, la haría aprender, y acaso ¿hay algo más vivo que eso?

miércoles, 8 de febrero de 2012

Quizá le lleguen...


Estos días frenéticos casi hacen que me olvide de mirar el calendario y ver que día es hoy. No es algo que me haga mucha falta, pues lo que siento cada 8 de febrero, es lo mismo que siento cada día de mi vida, desde aquel año 95. Pero de repente mirar el calendario y ver 8 de febrero, como siempre mi interior ha temblado más de lo normal, porque hoy no es un día más de esta maraña de tiempo que es la vida.

Hace 17 años ya un fatídico día como hoy perdí probablemente lo más importante que tenía y que toda persona tiene en su vida. Hace 17 años de repente un pedazo de mí se fue a algún lugar que sólo a veces se deja entrever entre la niebla del alma que guardamos todas las personas.

Se fue. El mundo quiso que se fuera y me dejará anclada a este mundo rodeado muchas veces de vacío al que llamamos vida. Me dejó infinitas cosas, pequeños recortes de una infancia que a veces trato de no recordar para no caer en la melancolía eterna que puede provocar desenterrar los recuerdos cada día. Se fue, aunque para mí esté aquí al lado. Se fue.

Los días, y los años han pasado, y siempre volvemos al día de hoy, al día en que la caja no puede estar cerrada, el día en el que me permito ser más libre de todo aquello, el día en que todo gira a su alrededor. Un 8 de febrero, un día que nunca podrá ser normal.

Y entonces sin saberlo siento frio, siento ganas de escribir, siento ganas de cerrarme en torno a algo que no sé muy bien que es. Ella que siempre me ha susurrado las palabras desde donde se encuentre es como si hoy estuviera más cerca, más de mí, aunque eso es difícil. Siempre va conmigo, sin decir nada ni ella ni yo. Estoy segura de que guarda mi camino.

Y escribo, llevada por las entrañas de mi alma escribo, como tantas veces he hecho, como tantas veces me he perdido en las palabras…escribo… y quizá ella me lea… quizá donde esté mi madre, le lleguen las palabras de este papel que son de ella.