viernes, 20 de enero de 2012

Aun puede ser maravilloso...


Hay días en los que te levantas sin saber muy bien que te ronda la cabeza. Quizá haya sido un sueño que no recuerdas el que te ha dejado esa sensación extraña que no puedes explicar, quizá solo sea esa estúpida manía de querer complicar los hilos que unen las conexiones de cerebro, razón, corazón e instinto.

Me he dicho tantas veces que me estoy equivocando que a veces me lo creo. Es como digo esa sensación de miedo que a veces nos da, esos días que tienes una especie de angustia en el estomago y no sabes que lo genera. Eso es lo peor, a veces uno tiene un día malo, porque algo le ha salido mal, porque ha suspendido un examen, porque se ha enterado de alguna mala noticia. Pero cuando esa sensación no sabes qué la provoca, o qué la genera, es cuando de verdad sientes angustia. Porque no sabes que es lo que será lo idóneo para detenerlo.

Simplemente te levantas al mundo sabiendo que no estás al cien por cien, simplemente sabes que tienes que cambiar el chip o algo del día te acabará desestabilizando y será peor. Pero ¿por qué? ¿qué es lo que genera esa sensación?

Y le das vueltas y entonces giras una y otra vez sobre temas que no tienen mucho sentido, sobre temas faltos de interés que sólo están ahí agazapados esperando a que bajes la guardia para colarse por el pequeño resquicio que deja tu espíritu fuerte habitual.

Y estoy irascible, estoy angustiada, y esa palabra que no me gusta, ronda a mi alrededor. Miedo. Pero ¿miedo a qué? ¿miedo al fracaso?¿miedo al futuro?¿miedo al ahora? O simplemente miedo… porque da igual el apellido, lo innombrable es el nombre precisamente. El miedo es eso que hay que erradicar de la vida, porque nos detiene, porque nos absorbe, nos enturbia sin motivo, no nos ayuda.

Entonces pienso que el miedo es solo una palabra, el fracaso algo que aún no ha llegado y no se sabe siquiera si llegará, el futuro son los próximos diez minutos, y el ahora es lo maravilloso del tiempo. Y me quedo más tranquila pensando que él día se ha levantado raro, pero aun queda todo él por delante y puede cambiar, puede que esa angustia sea esa cualidad que me dice que sigue siendo humana y que sigo teniendo ese alma que todos debemos poseer.

El día se ha levantado raro, pero lo que cuenta de un día no es como empiece sino como termina, y este aún no ha terminado y por tanto aún puede ser maravilloso.




jueves, 5 de enero de 2012

Pero al menos entonces...


A veces en la soledad de mi mirada, recuerdo las veces que tanto tiempo te quise. Las veces que tortuosamente miraba a mi alrededor deseando encontrar unos ojos familiares, los tuyos.

Tantas veces deseaba aquello, que conseguí alzarte del alma mía, construirte un altar para ti solo, donde pudiera adorarte como se adora a un dios, donde pudiera rendirte el culto que para mí te merecías. Pero todo eso no era amor, o sí, quién sabe, todo eso nadie sabe que era, ni siquiera yo. Quizá fuera la máscara oculta de aquella persona que tiene miedo a querer a alguien de verdad y únicamente se enamora, o encapricha de aquellos a los que sólo puede adorar en la lejanía.

Ya lo dijo el escritor solo los amores imposibles duran para toda la vida, y para una persona como yo, que tiene miedo a lo efímero del amor, a la capacidad innata que tenemos las personas de amar hoy y olvidar mañana, sólo un amor imposible es capaz de satisfacer mis ansias de adoración eterna.

Me da miedo el amor. Aunque para ser exactos me da miedo lo efímero de este. ¿El amor dura para toda la vida? Hay una canción del maestro Sabina que dice que hay amores eternos que duran sólo un invierno. ¿Podemos amar un instante y que sea eterno?  Y acaso ¿podemos amar una eternidad y que solo sea un instante? Finalmente, el tiempo, todo gira en torno a él.

Que maravilloso sería decir que el amor nunca se acaba. Pero ya no me lo creo. Puede que sea porque nunca me he enamorado, pero no creo que dure para siempre. La sociedad a nuestro alrededor así lo dice. Últimamente todo a mí alrededor así me lo dice. Será quizá por eso que he dejado de ser la romántica de libro que he sido siempre, para volverme una incrédula que se aleja de los sentimientos que pueden resultar tortuosos.

Y a veces por un resquicio de esa frivolidad se cuela un suspiro para recordarme que una vez escribí aquellos versos que hoy me gusta leer. Para recordarme que una vez alguien era capaz de dejarme sin aliento durante los instantes que estaba en su presencia sabiendo que nunca podría ni rozarle.

Amaba a un imposible, suena tan surrealista, tan de un pasado…  pero al menos entonces amaba.