lunes, 31 de diciembre de 2012

Adios 2012, Welcome 2013

La fugacidad del tiempo que se va, el inicio de algo que se ve en el horizonte como una nueva oportunidad de empezar o quizá de continuar. Los días que han pasado en este año que tocan nuestro interior como las manos sobre un piano que no cesa.

Los meses, los días, las horas, los meros segundos que se han escurrido en 2012, llenándose de ecos que resonarán en nuestra mente mucho más tiempo del que ahora mismo creemos. Los recuerdos, los voraces instantes que se atesoran para que no perdamos de vista eso que llamamos experiencia.  Cada uno tiene los suyos. Para cumplir con una de mis habituales tradiciones yo haré balance de mi año en esta entrada.

Podría enumerar todas las experiencias que me ha deparado este año, la forma de crecer fuera de casa, la forma de construirme y destruirme una y otra vez, el año de Glasgow, Londres, París, los viajes, a fin de cuentas el año de demasiadas cosas. Wilde decía qué los experiencia carece de valor ético y que únicamente es el nombre que le damos a nuestros errores. Puede ser o puede que no. El tiempo cede en nuestra mente, y se llena de aquellas cosas que creemos que necesitamos tener para enfrentarnos a la siguiente etapa o al siguiente año de una forma distinta. Y por una vez no sé exactamente qué decir de este año que nos deja.

Muchos viajes, luces y sombras de una misma vida, de un alma o de un no alma capaz de descongelarse y congelarse de nuevo en pocos meses, a la luz del verano y la vuelta del invierno. La idea de llegar a conocerse a uno mismo es la que impera finalmente cuando hacemos balance. ¿Nos conocemos cuando nos miramos en el espejo el día 31? Quién sabe, a lo mejor es el espejo el que nos conoce mejor que nosotros mismos.

Ha habido demasiadas cosas en estos 12 meses, muchas cosas vividas, muchas cosas que creí vivir, la eterna dicotomía de lo real y lo que habita en nuestros sueños.  La vida que fluye entre el avance imparable del reloj y el calendario.

Pero esta vez casi más que hacer una reflexión sobre el año que dice adiós, prefiero pensar en el que está tocando ya a nuestra puerta. 2013 será un cambio de etapa. Es la típica frase, pero será así, el fin de la carrera, el inicio de otra vida… empezar a ser adulta de verdad y empezar a distinguir que veo al otro lado del espejo. El año de descubrir si existe el alma o no.

Lo que se va, y lo que viene tiene un mismo origen, pero no sabemos cuál es su destino. Probablemente estemos como el Caminante de Friedrich al borde de la montaña contemplando el mar de niebla que es futuro que se abre ante nosotros, esa búsqueda del yo individual que sólo con el avance se encuentra.

2012 será otro de esos años que nos habrán convertido en lo que somos, aunque no tengamos muy claro lo que seamos: buenos, malos, oscuros, claros, fríos, ardientes… con suerte humanos. Pero el camino andado no puede detenernos en el que nos queda por andar, porque como decía Machado es la única forma de hacer camino.

Ser, o estar… vivir… empezar o continuar. La eternidad imparable del tiempo se abre ante nosotros, juguemos en este reloj sin manillas y miremos adelante. Adelante siempre.

Adios 2012. Welcome 2013
 

jueves, 20 de diciembre de 2012

¿Y si el mundo se terminará mañana?


¿Y si el mundo se terminará mañana? ¿Y si este fuera el último día que tenemos en esto que llamamos existencia?

Sería un día más. Sólo un día más en el que algunos harían todo eso que no han hecho y ahora se arrepienten, donde otros simplemente se sentarían a tomar café pensando en su existencia, donde otros correrían buscando un Salvador sin nombre aferrandose a una esperanza probablemente inexistente. Otros irían a la iglesia a redimir sus pecados por temor al infierno y otros se dedicarían a cometer más en esas últimas 24 horas para llegar al paraíso de fuego.

¿Y yo? ¿Qué haría yo si mañana se acabará el mundo y supiera que sólo tengo hoy? Sentarme y escribir, los momentos pasados y los deseos de ese futuro que no existiría. Probablemente yo sería de las que se quedaria tomando café. Sola. Conmigo misma. El mundo se acabaría y tendría que hacer balance. No de sí he sido buena o mala, que ya lo sé, sino de si he vivido o simplemente he pasado por el mundo. Probablemente ese sea el temor de todos, saber hasta que punto hemos vivido y hasta cual podríamos haberlo hecho. Hasta dónde hemos amado y hasta donde nos hemos dedicado a cerrar el corazón en falso.

Lamentaría dejar este mundo sin saber la respuesta a esto último. No saber si tengo o no corazón debajo de todas esas capas que le he puesto a algo que bombea sangre de manera involuntaria. Y sé que pensaría en aquel poema que escribí hace ya unos seis años, "en los besos que saben a vacío"... Pensaría en los secretos guardados, en los sentimientos escondidos, en las miradas disfrazadas tras unas gafas de sol, en las fotos que no he hecho, en las palabras que he callado... Pero de nada serviría... Apenas quedarían horas para decir todo lo que nunca dije... lo que nunca diré. Mis más recónditos miedos...

Si el mundo se terminará mañana lamentaría no haber amado como siempre quise amar. Mi asignatura pendiente radica en el corazón a pesar del todo, lo que algunos me acusaron de infravalorar. Lo que sin embargo sobrevaloro. Sólo un instante lo rocé, lo vi, casi lo sentí... Pero podría decirse que fue hace tanto... Si mañana se terminará el mundo eso sería en lo último que pensaría, en mi estúpida razón que nunca me ha dejado en paz, en el alma compleja que examinaba con minuciosidad las motas del aire con más interés que a su propio interior. Pensaría que soy estúpida y sin embargo no encontraría el camino para desandar mi error y no me arrepentiría de la predicción de los Mayas.

Por eso si mañana se acabará el mundo, diría que casi me hace un favor...


lunes, 10 de diciembre de 2012

Esa vida

Podía buscar todas las justificaciones que quisiera, todos los argumentos enrevesados que deseara, pero en el fondo sabía que aquello no era la vida. Quizá fuera vivir, pero no la vida. Lo había descubierto no hacía mucho, y había estado a punto de cambiar. Inmensamente cerca. Pero había perdido el aliciente que había encontrado para hacerlo. No sabía ni quiera si podía llamarlo aliciente porque realmente no sabía si había sido eso o solamente algo efímero que se había escurrido entre las páginas de un libro de tapas verdes.

Esa vida, ¿era vida? 

Aún así, en verdad, no se crecía ante la adversidad. Era cobarde, inmensamente cobarde. Construía una figura enorme de cartón que la representaba mientras ella yacía escondida y temblorosa acurrucada en un rincón esperando que lo temible pasara y confiando que ninguna ligera ráfaga de viento volcara aquella fachada y quedara al descubierto su secreto. Era débil.

No era buena en la guerra, simplemente había tenido suerte en las batallas. Pero sabía que esa suerte se terminaría. Ya la había fallado en algunos puntos y sabía que no podía dejarse arrastrar por algo tan inseguro como el azar. ¿Pero cual era la alternativa? ¿Qué opciones tenía? Se abría ante sí un paraje oscuro habitado de la nada, que le daba pavor. Se sentía inútil y vulnerable. Incapaz de dar un paso hacia ningún sitio, quería dejarse llevar por la corriente que ya no soplaba en ninguna dirección y se sintió presa de sí misma. Encerrada en una estancia diáfana, sin paredes, pero más poderosa que la peor de las rejas.

El problema de vivir como ella vivía es que en ocasiones tenía la sensación de no saber si era alma de campo de batalla o alma de aguas tranquilas. Ansiaba la calma demasiado cuando estaba en guerra y sin embargo tenía miedo de no poder vivir sin ello. La calma sin la tempestad… No sabía si sería capaz de vivir alejada de aquello en lo que sólo sobrevivía por suerte.

Y vivía, si podía llamarlo así, segmentando al mundo que la rodeaba, compartimentando todo, aterrada de no ser comprendida. No podía explicar donde hallaba placer o que le hacía sentirse mal, explicarle a alguien que significaba para ella una melodía, o que sentía cuando alguien la abrazaba.

Y sabía que todo ello estaba aparejado a esa existencia que llevaba.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Glasgow...ellas...yo

De repente parece que Glagow fue hace siglos...en otra época... en otra yo... lo echo más de menos de lo que reconozco a veces. Lo echo más de menos de lo que esperaba extrañarlo cuando lo deje.

Es cierto eso de que a veces no sabes lo que tienes hasta que ya no lo posees, y con Glasgow me ha pasado eso. Me gustó mi Erasmus, me encantó, sobre todo las personas que conocí en él. Esas pequeñas personitas maravillosas  con las que tengo la suerte de seguir contando en mi vida. Pero la ciudad… nunca pensé que extrañaría la ciudad. Mi Madrid supera con creces a esa ciudad gris del norte del Reino Unido, pero me encantaría estar paseando ahora mismo por el Botanic dirección ninguna parte, con el gélido aire en mi cara y probablemente con una ligera llovizna que empaparía mi abrigo y mi pelo sin apenas darme cuenta.

Llegar a la universidad, que parece salida de un libro y caminar entre sus pequeños patios interiores pensando en otra época, pensando en la postal que mis ojos crean sólo con mirarla. Su torre entre las nubes o la niebla de las mañanas hacía que ir a clase fuera más que el mero trámite de acudir a una clase magistral de un profesor. Era una forma de alzar la imaginación por encima de lo cotidiano.

Caminar por sus calles, resguardándote del frio, sin nada más que las ideas de la mente, que se mezclan con la curiosidad por los pelirrojos que pasan por delante. Son tan graciosos, tan blanquitos, tan diferentes… en una ciudad sin nada especial, pero que evoca grandes recuerdos en mi cabeza.

El primer día, las primeras lágrimas, las primeras risas… todo tiene un lugar en ella, y recuerdo exactamente cada lugar y cada experiencia. Las horas encerrada en una habitación conmigo misma, la soledad y el silencio mirando por la ventana a ese cielo lleno de nubes, unas veces más grises, unas veces más blancas… esa forma de comprenderme a mí misma que parece que también se quedó en esa ciudad. Era otra ciudad, y sin duda era otra yo, pues no soy la misma de entonces. Aquella parece que nunca cogió el avión de vuelta, no puedo culparla, aún me pregunto en qué punto lo cogí yo.

Las risas, las mañanas de primavera leyendo en el Botanic arriesgándome a coger una pulmonía, las horas caminando al centro, las historias de la vida de apenas unas chiquillas que viven alejadas de casa y que sin saber cómo se terminan sintiendo como una familia, las tartas, los chocolates, las noches de diversión sin fin y también la tristeza, las lágrimas, la constatación del vacío que no se llena y que ahora ansiaría volver a sentir… en definitiva la vida fluyendo de las manos…

Podría escribir cientos de páginas de aquellos días, describir miles de sensaciones, las infinitas anécdotas con mis amigas, hablar de tantos recuerdos pasados… de aquella felicidad que hoy recuerdo y duele haber perdido… Porque duele el recuerdo feliz mucho más que el triste, porque el feliz es un instante que no puede volver a repetirse, ese momento forma parte de un pasado. Puede repetirse pero ya no será el mismo, será otro y aunque vuelva a pasar por aquella calle con la escandalosa de Bhauna buscando su pinza, con Gara y Leti camino a ninguna parte, no será igual, será feliz, pero no será lo mismo. Y aunque duela, lo hace porque se era feliz.

Y ahora sólo queda cerrar los ojos y recordar… Glasgow… ellas… yo.


sábado, 17 de noviembre de 2012

El cierre de los sueños

He decidido cerrar la máquina de los sueños, he decidido arrasar el valle de las esperanzas, he decidido que voy a vestir de razón el alma y vaciar la cabeza de los pájaros y las redes, que ingenuamente nuestra ilusión atrapan.

Decía Shakespeare que los sueños están hechos de la materia con la que se teje el alma, o el alma con la que se tejen los sueños, no recuerdo exactamente. Y que pasa cuando no hay alma, ¿acaso entonces los sueños con qué se tejen? No podemos vivir en un mundo propio de fantasía e irrealidad. Las cosas que no existen nunca existirán y las cosas que perecen no vuelven a vivir jamás.

La locura de los sueños... que se lo digan a Segismundo que no sabía si vivía o soñaba, si lo vivido sólo había sido quimera de la imaginación, propia de aquellos que no viven. Tenemos que cerrar la máquina de los sueños para aprender a vivir en el mundo real, aprender a vivir con las cosas que suceden a nuestro paso, las pasadas, las presentes, las venideras... desde el punto de la realidad. No se puede pasar la vida construyendo castillos en el aire que desaparecen en cuanto el viento entra en nuestra mente y arrasa con todo a su paso. No podemos construir la vida entre nubes de algodón, cuando sabemos que vagamos en un valle cargado de espinas que explotan las burbujas que creímos infranqueables en nuestra mente.

Lo imposible. Lo improbable. Meras palabras que usamos para alejarnos de la fatalidad del mundo que nos rodea... vagas esperanzas que ansiamos que nos iluminen la oscuridad real, pero no nos damos cuenta de que lo esperado y lo real raramente coinciden y como en la economía, si nos guiamos por la especulación, la tragedia al despertar será aún mayor que esa realidad que disfrazamos con esperanzas.

Y llegados a este mundo prefiero que me obliguen a vivir vestida de realidad que a la gris materia de los sueños que nos atrapa. Condenar a los sueños a la noche, donde al despertar desaparecen, que ser un soñador que camina por la calle, tan absorto en esos falsos sueños que se golpeará con la farola de la realidad de un momento a otro. "La vida es sueño y los sueños, sueños son" dijo Calderón, dejemos que los sueños sean sueños, pero no la vida y así cuando nos veamos de nuevo atrapados en la torre como Segismundo no lamentemos lo perdido que sólo estaba en nuestra imaginación.

No lamentaremos pues nunca lo esperado no vivido, ya que habremos vivido conforme a lo real no especulado. Habremos conocido lo que el día nos mostraba, y habremos de olvidar lo que de noche fue soñado.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Ser un sistema de fragmentos


Decia Baudelaire que "Existen en todo hombre, y a todas horas, dos postulaciones simultáneas: una hacia Dios y otra hacia Satán. La invocación a Dios, o espiritualidad, es un deseo de ascender de grado; la de Satán, o animalidad, es un gozo a rebajarse". No podría estar más de acuerdo, las dos caras del humano, las dos almas del mismo ser. La espiritualidad que nos condena, la animalidad que nos satisface.

Probablemente esta frase de Baudelaire me represente mucho más de lo que muchos son capaces de decir de mí. Soy como ya he dicho muchas personalidades en una misma alma que cuando se mete por las noches en la cama tiene demasiada confusión para saber quien es de verdad. El verbo SER, imposible no pensar en Shakespeare al usarlo. Imposible no pensar en los románticos que buscaban el Yo Individual en sí mismos... imposible no pensar en mí cuando me miro en el espejo tratando de descifrar que guardan mis ojos azul grisaceo detrás de esa mirada que me devuelve el cristal.

Y es que no lamento ser camaleonica, ni ser tantas al mismo tiempo, lamento las consecuencias que de ello se deriva. Disfruto vendiendo la imagen de mi misma que otro quiere que sea. Y cuando no tengo ese referente es cuando entra en juego el caos. Si no soy capaz de ver que es lo que la otra persona, entendida de manera genérica, quiere que sea, el caos se apodera y soy contradictoria cada diez minutos extendiendo el caos a la persona que tengo enfrente.

Dijo Arquimedes de la palanca: "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo", puedo darle demasiadas vueltas a esa frase, pero no seguiré tirando piedras sobre mi propio tejado guiada por mi vanidad irremediable de querer ser leida.

Ser, estar, llegar... Plantearle todas estas dudas a alguien que supuestamente debería saber que responder y que responda demasiado planamente. No puedes pedirle a un alma simple que comprenda a un alma compleja por muchos títulos de estudio de personalidad que tenga. Ciertamente no se puede estar en constante análisis con preguntas sin respuesta, pero la simpleza no es la respuesta, por mucho que yo diga que ansío ser simple. Me equivoque de siglo, Hölderlin, Shelly, Blake, me habrían comprendido.

Pobres mortales del siglo XXI que nunca alcanzareis a los del siglo XIX... y por eso para terminar sigo plagando esta entrada de citas de otros, esta vez de Friedrich Schlegel, la cual podría hacer mía.

"No puedo brindar de mi personalidad ninguna muestra más que un sistema de fragmentos, porque yo mismo soy algo por el estilo; ningún estilo me es tan natural y fácil como el de los fragmentos"



sábado, 10 de noviembre de 2012

"Todo sabía a ceniza en su boca"

Últimamente no soportaba los fines de semana. La llegada del viernes por la tarde implicaba el inicio de esas horas hasta el domingo por la noche, esas horas que cada día soportaba menos. Interminables horas vacías. Pero no era por falta de cosas que hacer, sino por falta de voluntad para hacerlas. La desmotivación le golpeaba cada fin de semana, cada sábado, cada domingo… no querer hacer absolutamente nada. Pero eso se convertía en un círculo que le aprisionaba aún más. No hacer nada le llevaba a sentirse aún más desmotivada, más derrumbada y culpable por no hacer lo que se suponía debía hacer.

Esas cosas que quedaban pendientes de su desmotivación se acumulaban, mientras ella sólo deseaba que llegase el fabuloso lunes y volver a subirse a una semana planeada al segundo, aún más frenética que la anterior, buscando el objetivo  de no parar ni un instante. De lunes a viernes, de 9 a 21, clase, gimnasio, biblioteca… lo que fuera. Levantarse por la mañana, tardar un par de horas en subirse a la vida, y terminar llegando a casa lo más agotada posible, esperando conciliar el sueño que solía tardarle en llegar.

Y entonces llegaba el viernes. La gente hacía sus planes. Ella debería hacer los suyos, pero de repente todo lo que había ido apartando durante la semana tiene espacio y tiempo libre para saltar a escena. Nada importante. Pero ella nunca había sido capaz de dejar la mente en blanco. Series, películas, libros, música… todo lo posible que permitiera no desprenderse del pijama durante esas 48 horas que esperaba que se acortaran por algún extraño mecanismo. Ningún plan conseguía hacerla salir, motivarla lo suficiente. Estaba cansada de lo habitual, o quizá de la vuelta a lo habitual… y era como aquella frase que escuchó alguna vez “todo sabía a ceniza en su boca”.

Quizá durante la semana únicamente se pasase doce horas diarias fuera de casa, porque lidiar con lo del dulce hogar la agotaba. Fingirse interesada por las banalidades que pasaban allí la dejaban exhausta. Llevaba mucho mejor la soledad de su propia mente. Era capaz de pasarse horas en silencio consigo misma, con sus libros, con sus cosas, con sus pensamientos, con sus locuras, con sus estupideces, con sus reflexiones incongruentes… pero tener que fingir una conversación insulsa y vacía con gente que no la comprendía, ni la comprendería jamás era una tarea que le resultaba tan tediosa como contar hojas en un bosque.

Al menos pronto llegarían los exámenes, encerrarse a estudiar, una obligación real con la que nada tuviera que ver aquella falta de motivación y voluntad, una actividad mecánica, sentarse en la biblioteca y abstraerse del mundo, le parecía el mejor plan posible entre manos.

Y sólo podía pensar que ya quedaba menos…  el lunes estaba cerca y de repente le agradaba hasta la idea de madrugar.

martes, 6 de noviembre de 2012

Sobre la razón

Las personas nos pasamos la vida vistiéndonos de racionalidad. Muchas veces inconscientemente, pero otras conscientes de que eso que hacemos todas las mañanas es ponernos la razón en la cabeza. De ese modo podemos después mirarnos al espejo orgullosos de nuestra imagen construida. Para unos es la gomina, para otros el pintalabios. Para otros unas gafas de sol o una sonrisa pintada que ensaya varias veces antes de salir se casa.  Cada uno tiene su propia forma de vestirse, pero todos terminan en el mismo punto: vestidos.

Racionalidad impuesta probablemente por nosotros mismos para seguir los cánon de normalidad de nuestro alrededor, limitamos nuestra actitud fluctuado entre esas dos líneas que nos han marcado y de las que tememos salir por si acaso se dan cuenta. Siempre dentro de lo políticamente correcto.... ¡Qué daño ha hecho lo políticamente correcto en las almas ansiosas de vivir!

Muchos ya no saben si esa racionalidad se la pintan o ya es parte de ellos mismos, pero se engañan. No son seres racionales, sólo fingen que lo son, muchas veces incluso sin saberlo. Porque ellos, igual que todos, también desearian alguna vez tirarse al suelo a patalear como un niño que no obtiene lo que quiere, o  romper cualquier objeto que se les pone en las manos para saciar su ansia. La racionalidad está pintada, por otras manos o por las nuestras, simplemente pintada, como los cuadros que pasan por nuestros ojos a lo largo de la vida. Y como dijo Wilde, fue muy precipitado decir que los hombres eran racionales, porque probablemente seamos muchas cosas, pero racionales no.

Somos meros animales, no lo olvidemos, cargados de instinto, cargados de demasiadas cosas que la racionalidad jamás tendrá. Pero cautivos de nuestro yo, siendo nuestros propios rehenes, nuestros propios prisioneros en la cárcel de la razón. Prisioneros que ni siquiera saben que lo son, porque nos han engañado, nos han limitado hasta pensar que esa es la única forma de vida.

Y al final...al final terminamos convertidos en un rostro impenetrable, tras unos labios pintados, un simple espectro que camina por la calle. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Quien soy



Y cuando estas débil cualquier soplo te quiebra. Y cuando estas hundida un pequeño empujón puede lanzarte al abismo, y cuando estas a punto de romperte el alma, está tan deshecha que no hay nada que se pueda atar.

Mentiría si dijera que esto es de ahora. Claro que no. No tiene nada que ver con esta semana o la anterior. Tiene que ver con 23 años de existencia en una vida que se me ha escapado tantas veces de los dedos que ya no recuerdo en que momento llego a ser mía. Y soy tan oscura, soy tan increíblemente oscura que ni un sol dentro de mi me alumbraría. Una oscuridad que no he construido yo, una oscuridad que no se ni como llego a mi, pero de la que no puedo escapar. 

Me han construido y derribado tantas veces que ahora trato de construirme yo y sólo encuentro escombros de obras pasadas que otros hicieron. Sólo los pedazos que me toca reconstruir de este naufragio que se llama vida. De esta vida que en mi caso siempre se ha llamado naufragio. Quizá por eso a veces me siento tan diferente al resto. Quizá por eso soy tantas y a la vez no soy ninguna. Quizá por eso cuando me dicen que sea yo misma me encuentro perdida, pues no hay un yo misma. Soy versátil si queréis decirlo de algún modo. Soy tantas, soy demasiadas que no se quien soy yo. Soy los pedazos de lo que se ha construido y no he soportado. Porque no se pueden construir rascacielos en suelos que no están preparados para ello. Por eso mi alma no sabe quien es pero sabe muchas otras cosas. 

Se en qué punto me perdí del todo, tenía 5 años y miraba por una ventana hacia algo que no entendía en absoluto. O quizá me perdí antes, el día que me enseñaron a mentir, o el día en que me enseñaron a huir. Sólo sé que me perdí y que ahora me cuesta encontrarme. Sólo sé que soy una persona increíblemente capacitada para odiar, casi creada genéticamente para eso. 

Y la familia... Es duro pero la familia es la creadora de tantos males en las personas. Es la causante de tantas cosas que no podemos decir porque no son correctas. Que gran mentira nos han vendido, que gran farsa se ha construido con la gran frase "es por tu bien". Mi bien lo decido yo, mi vida la decido yo, soy yo quien debe equivocarse o acertar. Soy yo la que debe ser o no ser. La familia...

Llevo tantos años odiando a alguien, tantos años queriendo perder de vista a alguien, queriendo asistir de rojo a su funeral con una botella de cava que es normal que nada se salve de mi alma ya. No hay salvación, ¿por qué intentarlo? 

Seguiré viviendo con mi oscuridad, quizá algún día encuentre un cuadro como el que Wilde creo para Dorian Grey que absorba la mía...

sábado, 3 de noviembre de 2012

Maldita inteligencia que veía

Quién podía pensar en comer cuando no era capaz de pensar ni en respirar. Bloquear. Aquel magnífico mecanismo del que tanto había hablado al resto, volvía a serle necesario de nuevo. Aquella capacidad de romperse en pedazos y empezar el proceso de reconstrucción, sin que nadie a su alrededor se diera cuenta le resultaba increíblemente útil.

Le costaba horrores descongelarse, era increíblemente difícil que la sangre volviera a fluir, pero sin embargo era capaz de volver a ser hielo en un segundo. De volver a construir la pared con su rostro impenetrable en cuestión de instantes. ¿Qué dentro hubiera tempestad? Ese era otro asunto con el que ella lidiaría, con el que ella aprendería a llevar los días hasta que se vaciara. Como una mudanza interna, donde tenía que tirar los muebles, hasta volver a sentir aquel vacío que le era tan familiar y que tanto había detestado otras veces.

Se pasaba la vida detestando el vacío, pero sin embargo cuando la habitación se llenaba y tenía que hacer mudanza lo echaba de menos. Montar y desmontar, que estupidez. Tenía que decidir de una vez que quería de sus días: pasarse la vida de mudanza o dejar aquella estancia vacía e impoluta indefinidamente. Sabía que tarde o temprano querría volver a llenarla, lo sabía. Pero también sabía que aquello era un trabajo tortuoso y que quizá debía vaciarla de una vez por todos, pintarla de blanco impoluto y cerrar aquella puerta con una llave que no fuera capaz nunca nadie de volver a encontrar.

Recuperar el aire, eso era lo único que tenía que hacer ahora. Recuperar la respiración. Dónde y cómo, le eran indistintos. El minutero avanzaría, el reloj no cesaría en su empeño de pasar las horas que serían días, hasta volver a respirar de nuevo.

Bloquear. Nueve de cada diez lo recomendaban, pero el décimo era el único que sabía que sólo funcionaba cinco minutos. Pero cinco minutos, tras cinco minutos sería lo necesario para traspasar el invierno y ser un fuerte trozo de hielo cuando llegara la primavera. 

Y sin embargo quería decir tantas cosas y a la vez no decía nada. No sabía qué decir o qué no decir, que callar o no, no sabía qué instante bloquear en su pequeña cabecita insostenible. Podía decir tantas cosas pero sólo tenía una en la mente: Lo sabía. Sabía que haría mudanza con esos muebles, sabía que habría de congelarse de nuevo. Maldita inteligencia que veía.

 

domingo, 14 de octubre de 2012

Esta aventura llamada existencia

¿Cómo expresar las palabras que se quedan encalladas en nuestra garganta, temerosas a salir? Debe haber alguna forma de decir lo que nunca se dice, de mostrar lo que nunca uno muestra, sin ser descubierto por ello. El riesgo de las palabras, de los actos… el riesgo de la vida que culmina en la certeza de la muerte.

Y los Réquiem nos recuerdan la belleza de eso que algunos temen, pero donde está el temor, ¿en la muerte, o en la fugacidad de la vida? El tiempo que nos martiriza de tantas formas posibles, mientras lo único que debería preocuparnos es buscar la forma de vivir. Encadenar los días unos con otros como una larga cadencia de notas que solo reflejan vacio, no es la vida y entonces el día que la muerte nos alcance, porque a todos nos alcanza, nos miraremos en nuestros propios ojos dándonos cuenta de que hemos perdido aquello tan valioso que teníamos, que era a nosotros mismos.

Pero, ¿qué ocurre si nos molestamos y esforzamos en vivir?  Terminamos asustados de nuestro propio ser, condenándonos internamente por ser diferentes, por haber roto el molde de las almas simples y vacías para llenarnos. No somos monstruos por vivir, los monstruos son aquellos que cubiertos de una máscara de vida llena, lo único que hacen es darle vueltas a un vaso vacio convenciéndose así mismo de que está relleno  de aire y que ese es valioso, cuando no es nada. Cuando no es absolutamente nada.

Los románticos de verdad, los del siglo XIX, aquellos que se quitaban la vida ante la fatalidad de la misma, la fatalidad de no llegar nunca a comprender lo infinito de su alma y su ser, nos enseñaron muchas cosas, y lamentablemente tenían razón. Vivimos en un mundo donde nunca conseguiremos entender todo, pero a lo mejor como decía el maestro Wilde debemos disfrutar de la belleza de la incertidumbre. Del no saber, de la ignorancia sobre eso que llamamos interior, razón, ser, alma… el yo.

Debemos vivir para que cuando respiremos nuestro último suspiro, no pensemos en si somos buenos, malos, monstruos, seres con alma, seres sin ella, o simplemente seres. Debemos vivir de tal modo que cuando respiremos por última vez, sintamos que hemos vivido como nadie podía haberlo hecho.

Esa es la vida, esa es la muerte, esa es definitiva la razón por la que nos embarcamos en esta aventura llamada existencia.

miércoles, 3 de octubre de 2012

En mi propia trampa


Es probable que haya caído en mi propia trampa de no mostrar nunca lo que siento. Mi incapacidad para desnudar mi alma como uno desnuda el cuerpo, destroza mis sentidos y me deja en pedazos que sujeto levemente con esperanza de que no sople el viento y los descubra. Mis mil capas que cubren aquello que me da pánico mostrar pesan cada día un poco más, alejándome de demasiadas cosas que ahora me resultan importantes.
Leí no hace mucho que la mejor forma de que a uno no le partan el corazón es fingir que no se tiene. Y eso es precisamente lo que he estado haciendo en los últimos periodos de mi vida. Mostrar la roca dura en lugar del alma palpitante que yace bajo esta. He construido tantas murallas de ladrillo alrededor, que el cemento usado ha pasado a ser la sangre que finjo que corre por mis venas. Dejando la real a un lado incierto. Y cuando de repente la sangre vuelve a brotar, el corazón palmita y la respiración se entrecorta... lo disfrazo, lo cubro de máscaras, miedosa de una reacción dolorosa que me hiele la sangre de forma ajena a mi voluntad.
El nido de sierpes del que he vestido mi alma no existe, y aunque quiera vender una imagen cierta de ello ya no puedo. Ya es imposible para el resto confiar en cual de mis partes es la verdadera, la de sierpes o la de seda que guardo escondida en esta...
Y en el fondo soy como aquella estrofa que escribió el poeta romántico "Yo en fin soy ese espíritu, desconocida esencia, perfume misterioso del que es vaso el poeta". Soy un vaso esperando a ser completado pero que cubro con una tapa temerosa de que lo que vaya a recibir sea más frustrante que el vacío.
He caído en mi propia trampa... He sido tan buena en el papel de insensible, en el papel de Medusa capaz de congelar en piedra a cualquier ser... fingirme de piedra a mi misma... Una piedra que ya nadie creerá que pueda estar derretida, y no puedo culparles por ello. Pero en el fondo, a pesar de las mil capas, de los mil temores, sólo soy una mujer capaz de dejar de respirar por una tenue mirada.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La monotonía de la noria

A quien culpar 
si sólo soy un necio sin alma 
o quizá un alma sin necedad.

A quien culpar 
si el después son los despojos 
de un camino de rastrojos 
llenos de necesidad.

A quien decir 
que los versos de la esquina, 
escondidos en cenizas 
son aquellos que escribí

A quien decir 
que la escalera funesta, 
que sube y baja perversa 
lleva al camino que vi

Por qué cortar las luces de escarcha,
que buscan en la mirada 
las palabras de la mar.

Por qué sentir los quejidos 
que yacen pidiendo motivos 
que nadie sabe encontrar.

De que sirve tener azules 
las ventanas que prendimos 
si nadie las va a sentir.

De que sirve tener granadas
colgando en las madrugadas
del efimero carmin.

Si todo ha perdido el rumbo
y el eje que gira el mundo
me ha llevado al despertar.

Si todo cuanto he soñado
desnudo de sentimiento
ha despertado ciego 
en la pura inmensidad.

Cerrando el alma firme 
de este payaso de mimbre 
que nunca logro vivir,
viviendo entre caballitos, 
en la monótona noria 
que siempre llega hasta el fin.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Como una sala de vistas

Maldita cabecita pensante. A veces seria maravilloso ser un simple oyente, simplemente un ente que observa y oye en este mundo particular. Así la cabeza estaría llena de cosas de otros probablemente.

Conozco a la mejor fiscal y a la juez más implacable del condado. Pero también tengo sentada en la defensa a la mejor abogada posible. Y así transcurre gran parte de esta película. Esa es la sala donde los temas tratados son demasiado diversos y donde la acusada entra y sale de mil y una maneras distintas de los muchos delitos que figuran en una hoja que nadie sabe quien ni como se ha escrito.

La sala de juicios, el salón, la ventana... Creo que deje demasiado pronto de estudiar a los filósofos y a los grandes pensadores. Quizá ahora me entendería más. Aunque en el fondo lo peligroso de mi mente es lo que se combina con mi instinto. Una vez alguien me dijo que las personas no actuábamos por instinto, pues éramos seres racionales. Se equivocaba absolutamente y quizá como dice mi adorado Wilde la definición racional para persona se dio demasiado rápido y de forma ligera.

Mi instinto casi nunca se equivoca. Y es capaz de ver a años luz de lo que ve mi razón. Es imparable porque una vez que ve algo lo grita sin piedad en mi cabeza e inunda todo sin dar tregua a lo que pueda o no pueda pensar, en ese proceso arduo que es el razonamiento. Hoy ha gritado. Llevaba unos días silbando por lo bajo... Dejando caer pequeñas notas de lo que hoy irremediablemente ha gritado. Soy mas perceptiva en exámenes, algo bueno tenían que tener...

Ahora sólo falta que la acusada se levante del estrado, la defensa ha hecho una gran labor pero en este caso no está la jueza habitual... La sentencia será de otra sala del tribunal donde probablemente no se haya escuchado la defensa y habrá que acatarla. No cabe recurso. Esta si que habrá que acatarla.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Quizá la noche

Lo reconozco hay noches en las que de repente tengo miedo. En las que lo siento agudizar en mi interior, en las que palmita incesante en cada recoveco de eso que llamamos alma. Y sin embargo hace tanto tiempo que no sentía este miedo... Y aun así este es distinto a otras veces, más sincero, más inseguro, más receloso. Porque sabe lo que se está jugando. Sabe que ha apostado lo poco de espíritu que queda dentro, a esa carta.

Y la noche, esa noche de Lope es la que despierta la insaciable sed de pensamientos. La noche donde la lucidez literaria siempre ha imperiado. La noche que envuelve... La noche que despereza la soledad dormida de la mente. La noche que tanto cambia a los mortales... Mi noche. La apertura de la caja de Pandora entre mis sueños. Porque la vida es sueño, como escribiría Calderón... O aquel monólogo de shakespeare donde morir era dormir y dormir soñar. Los sueños, la noche, la literatura... Los pedazos de mi vida todos juntos.

Y al alba toca despertar, con todos los sueños, con todos los miedos... Para subirse a la vida de la que nos hemos bajado como quien abandona los tacones después de un dia duro. Despertarse... Esperando que llegue la noche para divagar de nuevo... Para nadar entre miedos y sueños. Porque eso es la vida, el calor y el frío. El cielo y el infierno. El hielo y la lumbre. El todo y la nada... Quizá la razón y yo.

Y quizá la noche... Y quizá esta noche vuelva la corriente que recorre mis dedos cuando escribo, el viento q arrulla mis ideas, la imparable soledad de la palabra que enturbia mi miedo. Quizá esta noche. Quizá.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Matemática pura

Hablemos del dolor, ese que tanto tratamos de evitar pero que está implicito en la vida del ser humano. Definido según la RAE  como:

"Sensación molesta y afectiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior."
 
 
Hay personas que nos pasamos toda la vida tratando de evitar esa clase de dolor que causan los males cardiacos. Buscamos mil y una excusas para no caer en los pérfidos brazos de eso que llamamos amor y evitar así el sufrimiento que tarde o temprano este nos causará. Nos inventamos figuras sustitutas cayendo incluso en el cinismo o la frivolidad para evitar, que por un resquicio de sentimiento se cuele ese algo que nos conduzca a la perdición.
 
Podéis llamarme tremendista o negativa por algo tan ingenuo como el sentimiento de dos partes que culminan en un todo incierto, donde hasta esas dos partes se ignoran. Podéis tacharme de aquello que estiméis, pero sabéis que lo que digo es cierto. Que el amor, si es que existe tal y como nosotros pensamos, da sabrosos frutos que tarde o temprano perecen como la fruta madura que es comida por el gusano en su plenitud.
 
Por eso llevo demasiado tiempo escabulléndome de él con éxito, escapando de sus tentáculos atrapadores y sustituyéndolo con pequeños "algos" que  sirven para poder darle un impulso a esta vida de la que disfrutamos. "Algos" que sin duda no alimentan pero engañan llenando de aire aquello que debería estar alimentado.
 
Pero a veces, sólo a veces, me planteo si acaso esto es contraproducente. Rehúyo aquello que creo puede causarme daño sin pararme a pensar si es un precio justo por lo que se obtiene. Probablemente el amor cause daño, probablemente caer enamorado sea complementario a resquebrajar el corázón en cientos de pedazos, para poder luego volver a ensalzar con paciencia las piezas, en un proceso necesario para los seres humanos. Probablemente lleve huyendo mucho tiempo de un daño mayor refugiándome en sin sentidos que me han causado pequeños daños de esos que yo consideraba asumibles, pero que en suma son mucho peor que ese que evito. La suma de pequeños dolores al final culmina en un daño mayor al previsto en la otra ecuacion amorosa. Si aplicas el sumatorio es matemática pura.
 
Nos han hecho creer durante muchos años que de los errores se aprende. Puede ser cierto o no, pero probablemente sufrir en algún punto sea eso que nos hace formarnos un determinado carácter, un determinado espíritu, una determinada alma mas llena o vacía de contenido. Y si es así... ¿Habrá llegado la hora de tirar los muros y pensar que hay que desproteger ese valioso órgano llamado corazón? ¿Será más efectivo fundir el acero que lo recubre y que lo ha dejado amortecido tanto tiempo?
 
No lo sé, porque ni siquiera sé con seguridad certera si tengo de eso. Quizá sea el momento de no rehuir, sino de asumir un padecimiento incierto en base a unas probabilidades no concretas. Pero simplemente todo sean reflexiones que parecen repetirse una vez y otra empujadas por el temible vacío que aún colea con miedo en mi interior, aferrándose temeroso a desaparecer. Quizá romperme por dentro no sea mala idea en el fondo, quizá así pueda albergar algo en mi interior capaz de despertar un eco que rompa el silencio inaguantable que no quiebra mi voz.

sábado, 11 de agosto de 2012

Otra vez

Quien me ha robado el mes de abril decía Sabina. ¿Quién nos ha robado los meses y los días que pasan entre la muchedumbre de personas en el enmarañado de la vida?

Ser personas es demasiado peligroso. Somos peligrosos incluso para nosotros mismos. Nos llamamos seres racionales pero probablemente sólo unos pocos, considerémoslos afortunados o no, gozan de esa razón que el resto fingimos poseer. Nos tiramos a piscinas sin agua, nos lanzamos al vacio sin remedio, achacándolo a nuestra necesidad de aprender a base de errores.

¿Debemos aprender a base de errores? ¿Es esa la mejor forma de enfrentarse a la vida? Probablemente. Quizá no la mejor, pero sí seguramente la más entretenida, las más loca y vibrante… o simplemente esa es la única vida posible, la que se aprende a base de chocarse contra las pareces que el resto nos imponen, una y otra vez.

Ser persona es peligroso repito. Corremos el riesgo de hacernos daño, por mucho que queramos evitarlo, puede aparecer de improviso, en cualquier forma, en cualquier momento… puede aparecer. Sólo de cada uno depende vivir temerosamente esperando a que el daño aparezca cual monstruo por el otro lado de la puerta para martirizarlo, o enfrentarse al día a día con la idea de enfrentarlo si decide no darnos tregua.

Pero como enfrentarse… como enfrentarlo… como entender la vida. Desde luego la solución no es un constante análisis de la situación, de uno mismo, de lo que nos rodea…. Ciertamente sería más fácil un Laissez faire, donde lo que tenga que aparecer se presentará dispuesto a ser enfrentado o no.

Y muchas veces cuando te repites quince mil veces “de esta agua no beberé” pasa como dice el dicho que te acabas bebiendo el rio entero… otra vez… otra maldita vez.

jueves, 21 de junio de 2012

Simplemente una noche

Simplemente una noche, unas estrellas, o una soledad infinita rodeada de personas, es lo que te lleva al punto inexplicable del razonamiento peculiar de tu insaciable razón. Una canción de fondo. El pensamiento inerte en tu cabeza. Pero en verdad no piensas porque no tienes nada sobre qué pensar. Simplemente el poso de lo que podemos llamar un café especial, ha decidido revolverse dentro de la taza de té que tienes depositada en la estantería del salón y que habías olvidado allí.

Caminas por el mundo sin pensar, porque el alma que ya no sabes donde reside se niega a ello. Te abandonas en la noche a tus propios sueños donde aún queda algo de eso que algunos llaman espíritu. Has decidido tejer tus días con un hilo que ni entiendes ni quieres entender. Los vives unos en pos de otros teniendo que bloquear tu mente al acostarte no sea que te des cuenta de la vida en la que resides. Y usas la expresión de esa película que tanto te encanta “ya lo pensaré mañana” para poder conciliar el sueño en medio de una mente vacía síntoma de un alma más vacía aún.

La has llenado de eso que llamas “tu pasión” y que en el fondo es lo que mantiene la circulación de tu flujo sanguíneo recordándote viejas ínfulas de un mundo que creíste que era y descubriste que no.

La vida, ese ente complejo que nos rodea y que nos hace pensar cómo será para el resto nos ata al mundo en que se puede decir que sobrevivimos en una multitud que no sabe para qué y cómo lo hace el vecino de al lado. Pequeños mundos individuales viajan por la misma calle que recorres cada día mientras comparas tu interior con sus exteriores, sin pararte a pensar que esconden más allá de sus vendidas expresiones.

Y otra vez la misma sensación, parar de pensar para dejarte caer en la calma de un mar que esconde tempestades bajo sí, parar de pensar para poder conciliar el sueño… o quizá pensar para poder volver a recuperar las palabras perdidas que hacía noches no te visitaban. Y como dijiste una vez, qué más da si estas palabras tienen o no alma, y quién sabe si ni siquiera en ti queda alma… podría ser peor, quizá ni poesía.

¿Se puede vivir sin alma? No lo sé, quizá ya sí, quizá ninguno tengamos alma, quizá ninguno tengamos vida… y en verdad seguramente pueda vivir sin alma, pero nunca podría vivir sin poesía.

martes, 22 de mayo de 2012

Simplemente os dejaré un adelanto

He prometido esta tarde mi última entrada desde Glasgow en este blog, pero sinceramente no me siento capaz de expresar con claridad todo lo que quisiera decir, y prefiero posponer mis pensamientos para un momento de mayor lucidez.

Simplemente os dejaré un adelanto. No soy la misma persona que llegó en Septiembre y probablemente nunca lo vuelva a ser. Me llevo conmigo un trocito de esta ciudad en el alma y la amistad de personas maravillosas e increíbles a las que sé que tendré cerca siempre.

No debo estar triste porque esto no es un final, simplemente es un punto y seguido.

domingo, 6 de mayo de 2012

Recuerdos

A veces uno debe olvidarse de los recuerdos malos de la historia y quedarse sólo con los buenos. A veces el conjunto de ambos es más clarificador sobre tu propia vida.  Soy una persona con una memoria que tiende a ser selectiva. No sé en que punto eso es bueno o malo, pero sé que tengo muchos recuerdos en el alma, que se atesoran como las piedras más preciosas que se puedan tener.

Tengo 23 años, y nunca podré mirar las nubes sin recordar que para ella parecían algodón de despintar las uñas, y que por eso a veces estaban negras, o rojas, porque dependía del color de uñas que hubieran quitado. Puedo recordar el mismo instante en que dijo esa frase, igual que muchas otras.

Puedo recordar las inspecciones a mi “hucha cerdito” cuando necesitábamos calderilla. Una hucha que era una trampa porque la única forma de sacar lo de dentro era romper al pobre cerdito y sacar las moneditas con un cuchillo por la rendija era toda una odisea. Pero siempre lo conseguíamos y a día de hoy, el cerdito sigue vivo a los pies de mi cama, sin ninguna moneda dentro, pero pintado como una puerta de las mil cosas que le hacíamos.

Puedo recordar cuando las lentejas se vendían “silvestres” y había que seleccionarlas para quitarles las malas o los bichitos que podían tener y una vez estuvieran limpias meterlas en agua. Esa sensación de meter las pequeñas manos en las lentejas es algo que aun cuando compro lentejas tengo la costumbre de hacer, hundir la mano y sentir como se escurren entre los dedos intentando no ser cogidas.

Puedo recordar cómo le gustaban los huevos, o como le encantaba dibujar sus propios vestidos. Como tenía un cuaderno con todo lo que quería hacer en la casa y nunca hicimos, sus poemas, sus canciones, sus recetas…

Pero también puedo recordar el día que se la llevaron por primera vez, puedo recordarlo tan nítido como si hubiera sido ayer, cada detalle, cada sensación interna de una niña que no sabía lo que pasaba, pero que a la vez su interior lo sabía todo. Recuerdo la primera visita al hospital, recuerdo que aún eran televisiones de monedas las que había y no encontrábamos máquina para cambiarlas. Recuerdo aquella Navidad como la primera navidad del resto de mi vida, a pesar de que hubiera habido 5 más antes. Y sobre todo recuerdo aquella vez que la eché por primera vez de menos. Recuerdo todo. Todo aquello que nunca debiera haber sucedido sigue en mi mente, y seguirá siempre ahí, igual que seguirá ella.

 MADRE
Te digo al llegar, madre,
Que tú eres como el mar; que aunque las olas
De tus años se cambien y se muden,
Siempre es igual tu sitio
Al paso de mi alma.

No es preciso medida
Ni cálculo para el conocimiento
De ese cielo de tu alma;
El color, hora eterna,
la luz de tu poniente
Te señalan ¡oh madre! Entre las olas,
Conocida y eterna en su mudanza.

-JUAN RAMÓN JIMÉNEZ-

viernes, 4 de mayo de 2012

El infierno del que tanto se habla

El mundo puede decirnos muchas cosas, de las más diversas maneras posibles que tiene de llegar hasta nosotros. Pero generalmente el mayor problema que tenemos somos nosotros mismos.

Nuestra cabeza indeleble que piensa de esa forma retorcida y sin piedad es la que nos lleva a las situaciones más angustiosas que tenemos. Es una estupidez porque probablemente sean meras pequeñeces que se agolpan en nuestra inusitada razón para hacernos vivir en una clase de ficción mental que no comprendemos.

Estamos engullidos por una masa negra que somos nosotros mismos. El mundo puede decirte que eres un ser maravilloso, que si dentro de ti no lo sientes de nada sirve. El sentimiento, que es maquiavélico hace que cabeza y corazón jueguen con un nudo de nervios o hilos, que llamamos vida.

No lo puedes explicar, no lo puedes entender, o a lo mejor simplemente no lo quieres etiquetar. Eso suele pasar. Nos escudamos en el desconocimiento del problema cuando en verdad lo conocemos, pero tenemos el mayor miedo de todos, el miedo a pronunciarlo y hacerlo real.

Unir las letras que generan esas frases que nos llevan por el camino correcto hacia el abismo. ¿Pero qué es el abismo? ¿Qué es el infierno? El infierno no es un lugar sombrío lleno de llamas y fuego. El infierno puede ser simplemente una sala impoluta y aparentemente perfecta donde la persona se martiriza. Queremos huir de algo pero no podemos porque está dentro de nosotros… ¿y no lo comprendemos? ¿O simplemente fingimos no comprenderlo por qué es más fácil de ese modo?

Los días pasan unos con otros, minutos iguales, inservibles, monótonos, vacios… el tiempo, ese imperturbable ser que nos dice que estamos anclados a algo más grande que se escapa de nosotros. Nuestra mente finita, cargada de sueños infinitos se aferra a un tiempo que malgasta en encontrar las respuestas inocuas que se supone nos harán más felices. Pero el tiempo, el desplazarse de los segundos, unos en pos de otros no se detiene, nos lleva a la fatalidad de la que todos queremos escapar. Meros esclavos de un reloj sin agujas. Eso es lo que somos.

Y nada importa, ahora nada importa y a veces sientes que matas el tiempo, y es literal. Estás matando un minuto que no volverá, un segundo que se evaporará antes de que te des cuenta, un valioso instante que ya no volverá a no ser que lo hayas llenado. Y cuando tienes acumulados tantos minutos vacios…

Detesto el tiempo que se esfuma en nuestras manos, en mis dedos. Detesto el devenir de los instantes, pero esa es la fatalidad de este mundo, el infierno del que tanto se habla: el inexorable paso del tiempo.

lunes, 30 de abril de 2012

Algo que te dice que escribas

Hay noches en las que se te eriza la piel sin ningún motivo. Vacías y solitarias noches, que de repente te hacen estremecer. Podría decir que se debe a un recuerdo, a un suspiro, pero no. Únicamente tu mente está en sintonía con el resto y una chispa recóndita se aloja en tu piel diciéndote que estás viva.
Sintiendo como algo te dice que escribas, sin saber muy bien que escribir, pero golpeando las teclas una a una, guiada por un instinto interior que hace mucho que no sientes. No miras la pantalla, no miras lo que escribes, sólo sientes fluir dentro, sientes cada tintineo que das contra las teclas de ese portátil, que hacía mucho que no sentías como sientes ahora a pesar de vivir constantemente pegada a él.

Te gusta oír como suena el teclear que forma las palabras que nacen en tu mente y terminan en el papel. La pantalla en blanco que desde hace tiempo te bloquea se está llenando de caracteres que no tienes muy claro que significan pero que sabes que quieres escribir. ¿Es la noche? ¿Es tu propio yo diciendo lo que hay? ¿Es la fecha curiosa de esta noche la que te susurra tibias palabras desde ese lugar que tú sabes?

No tienes respuestas pero sólo cierras los ojos y sigues escribiendo, y no sabes el que pero de repente está dentro de ti, se empañan tus ojos, y tiembla tu interior. Y escribes, y es ella, sabes que ha sido ella la que lo ha generado. Qué importa si quien lo lee piensa que estás loca, sabes que ese “run run” en la cabeza de estos días pasados ha culminado en esta noche. La noche. La noche en la que ha vuelto a susurrarte las palabras que se escabullen entre tus dedos.

Y qué más da si lo que escribo tiene sentido o no lo tiene, sólo escribo, con más alma de lo que había escrito en meses, simplemente escribo. Por ella, por mí, por no sé muy bien por qué. Y hoy en su cumpleaños, no soy yo la que le hace el regalo que desde hace tantos años no puedo hacerle, sino que es ella la que me regala las palabras que llenan este papel.

Felicidades mamá, allá donde estés gracias.

domingo, 29 de abril de 2012

Quién pudiera volver a sentir

A veces la literatura se nos escapa de los dedos pero es lo único a lo que nos queda aferrarnos para sentirnos vivos. Los sentimientos desaparecen y dentro ya no queda nada. Sólo un eco, sólo un vacío huraño que nos conduce a tiempos remotos a los que no queremos volver.

Sentir o no sentir, vivir o no vivir.

Lanzados a este mundo como seres irracionales que nos aferramos a la racionalidad, etiquetamos todo lo que nuestro interior nos dice. Pero el grave problema es cuando ya no nos dice nada. Es como aquel cuento en el que el malo se moría por volver a sentir el sabor de una manzana porque aunque podía comerla en sus labios le sabía a ceniza.

El amor ha desaparecido si es que alguna vez existió en mí y todo lo que vaga a mi alrededor son meras cenizas que alimentan pero no deleitan. Puedo entregarme al ardor de unos brazos en un momento y no sentir nada después de que el calor se haya convertido en hielo.

Una vez fui algo parecido a un ser irracional y enamoradizo que suplicaba ser de hielo para no sentir nada. No sé como el deseo se cumplió y aquel que me dijo que no era humana consiguió que así fuera. Sin embargo ahora extraño aquel dolor que se sentía al amar o no amar. Ahora extraño el mar incontrolable en mi interior.

Siempre he descrito mis entrañas como un salón donde todo podía estar ordenado si estaba en calma, o desordenado cuando estaba en caos. Ese salón ahora parece ordenado pero no lo está. Las motas de polvo dejan entrever que los jarrones y demás figuras están algo desplazas de su sitio. Desde fuera parece estar todo absolutamente pulcro y colocado, pero yo sé que no es así, sé que hay un caos disfrazado que no sabe por dónde salir, porque no siente nada.

Qué cierto es el poema de Machado, aquel poema que fue el primero que leí, aquel “Yo voy soñando caminos”. Hoy comparto más que nunca esas dos estrofas que marcan el poema:

[…] “En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón”

[…]“Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada”.


Quien pudiera volver a sentir el caos. Simplemente quien pudiera volver a sentir.

miércoles, 18 de abril de 2012

Podría ser, pero no creo


Toda la vida me he tachado como una persona increíblemente caprichosa. Quizá incentivado con el hecho de haberme criado prácticamente como hija única siempre he tenido lo que he querido, más o menos. Con el sucesivo hecho de aburrirte pronto de ello y querer otra cosa.

La cuestión es que ese ámbito caprichoso también estaba o está implantado en mi “instinto emocional” hasta el punto que como ya escribí una vez, estoy segura de que lo que me mueve son los inicios, la necesidad de conseguir y no lo ya conseguido. Siempre me he anclado a personas difíciles de conseguir o imposibles, porque así no se vería satisfecho “mi capricho” y perduraría más tiempo. Es un gran defecto muy vinculado con la vanidad, un gran defecto del que también puedo hacer gala.

Lo que ocurre es cuando te das cuenta de cómo funcionas y vuelves la vista hacia atrás y ves las consecuencias de tal alto defecto. Hace tiempo me he di cuenta de que hace algún tiempo cegada por el supuesto aburrimiento, de lo que consideré un capricho tracé la línea de lo que no quería en una persona que estuviera a mi lado. En ocasiones he recapacitando, volviendo a ver a esa persona y analizándome de nuevo, y creo que me equivoqué completamente.

Aburrimiento, rutina, juventud, entorno etc. Influyeron a la hora de determinar ese algo. Desde entonces elegía a las personas opuestas a aquel, aun conservando todo mi cariño. Y ahora, ahora q estoy en esta etapa de vacio sentimental, siento que siempre he buscado a alguien como él. ¿Será porque ya es tarde e imposible de recuperar? Quién sabe, a lo mejor son tonterías generadas al azar en mi cabeza sin sentido alguno. Sólo sé que ya he pasado de la etapa en la que buscaba gente contraria a él. Ahora simplemente ya no sé que busco… de hecho creo que ya no busco nada…

 Y siempre le adoré. ¿Y sí era él? Podría ser, pero no creo.

domingo, 4 de marzo de 2012

Simplemente ella...


Hay muchos tipos de soledad. Y muchos que han escrito ya antes sobre ello. Me da igual. Hay soledades que uno no puede explicar. Se siente solo, se siente inmensamente solo, aunque sabe que tiene a mucha gente pendiente a su alrededor. No lo puede explicar, solamente siente una inseguridad que no le deja sentirse arropado por nadie.

Hay una frase de una de mis películas favoritas que dice “me gusta estar sola siempre y cuando mis amigos no dejen que me sienta sola”. Ese es un tipo de soledad deseada. El problema es cuando incluso cuando el resto no te hacen sentir sola, tú te sientes sola contigo misma. Como si ese ser que habita dentro de tu cabeza fuera un ser extraño que incomoda tu día a día.

Y a veces puedes estar rodeada de todas las personas de este mundo, que necesitas justamente a la adecuada para no sentirte sola. A veces la necesito a mi lado. A veces echo de menos sus gritos llamándome por toda la casa. Tenerla de fondo viendo sus programas de prensa rosa mientras yo me finjo absorta con mi portátil en el otro rincón de la sala. Y podemos parecer dos personas solas cada una en su mundo, pero estamos ahí simplemente a unos pasos y eso basta para sentirme completamente segura.

No puedo explicar por qué ahora esta reflexión, o estas lágrimas q me caen por el rostro al pensar en ella. No puedo. A lo mejor porque sé que está mala y me necesita a su lado y no estoy allí. A lo mejor es porque a veces no puedo evitar como sería el mundo si ella no estuviera. A lo mejor es porque a veces mi lado fatalista sale y me dice que tarde o temprano se irá. A lo mejor es simplemente que la quiero más que a nada en este mundo.

Y no lo puedo explicar, solo necesito escribirlo, solo necesito decir lo que me pasa por la cabeza. Porque si la llamo ahora simplemente para decirla cuanto la quiero se preocupará, así que esperaré a mañana. Pero esta noche necesito mi momento de debilidad, mi momento de expresar que soy completamente débil cuando ella entra en la ecuación de mi vida. Y dios sabe la cantidad de veces que me he cabreado con ella y he deseado que me dejara en paz y esas mil cosas que se dicen y se piensan cuando estás cabreada. Pero simplemente no hay un solo día en que no piense aunque sea un instante en ella.

Simplemente única, simplemente ella, simplemente magnífica, simplemente mi abuela.

sábado, 18 de febrero de 2012

versos de un día...versos de un ayer

Echando de menos los versos que ya no vienen....


Maldita realidad que construyes mi imposible,
maldita realidad que destruyes mi esperanza,
ingenuo sentimiento que un día me alcanzaste,
destrózame verdad ya que nunca me adoraste.

Todo pasa, todo vuela, todo huye tras de mí.

Estúpida ánima, que soñaste alguna vez,
inconsciente volátil que siempre le quisiste,
te engañaste y me engañaste mas fue inútilmente,
ya que ni el tiempo ni el espacio consigue distraerme.

Todo pasa, todo vuela, todo huye tras de mí.

¡Desaparece corazón que no paras de matarme!
Sal de mi cabeza pensamiento doliente,
mátame de golpe pero no me dejes desangrando,
saca la espina de este cuerpo torturado.

Todo pasa, todo vuela, todo huye junto a mí.

Sacaré alguna vez la cordura hacia delante,
conseguiré al fin que la paz me llegue,
mi verdadero príncipe en su corcel se acerca,
otra vez es mi sueño el que me desvela.

Nada pasa, nada vuela, nada sale ya de aquí.

Se termina el alma y se estremece junto a mí,
mi corazón se niega, mi cabeza muere y todo brilla su sentir,
entonces el inconsciente me revela quien soy yo,
entonces me doy cuenta que aquí yace mi pasión.


Nada ocurre, todo se siente y yo vivo ya sin ti.

jueves, 9 de febrero de 2012

Sólo un trocito


¿Y en qué consistía vivir? Parecía que dentro de sí misma había dos almas disputándose la lucha interna. El donde vamos y de dónde venimos la agobiaba y angustiaba. Tomaba decisiones movidas por un instinto irracional y después su otro yo le recriminaba la irresponsabilidad de sus actos.

Responsabilidad. Una palabra que iba y venía en su cabeza junto con tantas otras. Su flujo de pensamientos a veces era demasiado difuso incluso para ella misma.

Qué  extraño, podía pasar de la felicidad a la culpa en pocos segundos y no se entendía. No se entendía en absoluto. ¿Por qué tomaba aquellas decisiones?, o ¿por qué hacía aquellas cosas?...instinto se decía…quizá.
No se arrepentía, sabía que era algo que quería, pero eso no hacía que no se sintiera culpable, no podía evitar sentirse culpable. Sentir esa pesadumbre de quien no está jugando limpio.

¿Y a dónde iba? La remota idea de sentir que no sabía donde quería ir la asustaba. El tiempo la asustaba. Su forma de pasar, su forma de esconderse entre los recovecos de la mente la aterrorizaba. Pero era incapaz de reconocer ese miedo, materializar en palabras lo que le apesadumbraba era como reconocer que carecía de esa fortaleza de la que siempre hacía gala.

Pero la vida pasaba, y era mejor no detenerse a pensar en ella, simplemente vivirla. En qué consistía o a dónde llevaba en el fondo eran burdas preguntas que se hacía para justificar sus días, pero le gustaba vivir de aquella manera frenética. De aquella manera guiada de instintos que la aprisionaba.

La irresponsabilidad, la culpa, la falta de remordimientos, eran algo más de su carácter, de su forma de ser de niña que creció demasiado pronto. No sabía a dónde iría, de donde vendría o que camino sería el siguiente, sólo sabía que pasara lo que pasara, se equivocara o acertara, todo aquello la haría crecer, la haría aprender, y acaso ¿hay algo más vivo que eso?

miércoles, 8 de febrero de 2012

Quizá le lleguen...


Estos días frenéticos casi hacen que me olvide de mirar el calendario y ver que día es hoy. No es algo que me haga mucha falta, pues lo que siento cada 8 de febrero, es lo mismo que siento cada día de mi vida, desde aquel año 95. Pero de repente mirar el calendario y ver 8 de febrero, como siempre mi interior ha temblado más de lo normal, porque hoy no es un día más de esta maraña de tiempo que es la vida.

Hace 17 años ya un fatídico día como hoy perdí probablemente lo más importante que tenía y que toda persona tiene en su vida. Hace 17 años de repente un pedazo de mí se fue a algún lugar que sólo a veces se deja entrever entre la niebla del alma que guardamos todas las personas.

Se fue. El mundo quiso que se fuera y me dejará anclada a este mundo rodeado muchas veces de vacío al que llamamos vida. Me dejó infinitas cosas, pequeños recortes de una infancia que a veces trato de no recordar para no caer en la melancolía eterna que puede provocar desenterrar los recuerdos cada día. Se fue, aunque para mí esté aquí al lado. Se fue.

Los días, y los años han pasado, y siempre volvemos al día de hoy, al día en que la caja no puede estar cerrada, el día en el que me permito ser más libre de todo aquello, el día en que todo gira a su alrededor. Un 8 de febrero, un día que nunca podrá ser normal.

Y entonces sin saberlo siento frio, siento ganas de escribir, siento ganas de cerrarme en torno a algo que no sé muy bien que es. Ella que siempre me ha susurrado las palabras desde donde se encuentre es como si hoy estuviera más cerca, más de mí, aunque eso es difícil. Siempre va conmigo, sin decir nada ni ella ni yo. Estoy segura de que guarda mi camino.

Y escribo, llevada por las entrañas de mi alma escribo, como tantas veces he hecho, como tantas veces me he perdido en las palabras…escribo… y quizá ella me lea… quizá donde esté mi madre, le lleguen las palabras de este papel que son de ella.

viernes, 20 de enero de 2012

Aun puede ser maravilloso...


Hay días en los que te levantas sin saber muy bien que te ronda la cabeza. Quizá haya sido un sueño que no recuerdas el que te ha dejado esa sensación extraña que no puedes explicar, quizá solo sea esa estúpida manía de querer complicar los hilos que unen las conexiones de cerebro, razón, corazón e instinto.

Me he dicho tantas veces que me estoy equivocando que a veces me lo creo. Es como digo esa sensación de miedo que a veces nos da, esos días que tienes una especie de angustia en el estomago y no sabes que lo genera. Eso es lo peor, a veces uno tiene un día malo, porque algo le ha salido mal, porque ha suspendido un examen, porque se ha enterado de alguna mala noticia. Pero cuando esa sensación no sabes qué la provoca, o qué la genera, es cuando de verdad sientes angustia. Porque no sabes que es lo que será lo idóneo para detenerlo.

Simplemente te levantas al mundo sabiendo que no estás al cien por cien, simplemente sabes que tienes que cambiar el chip o algo del día te acabará desestabilizando y será peor. Pero ¿por qué? ¿qué es lo que genera esa sensación?

Y le das vueltas y entonces giras una y otra vez sobre temas que no tienen mucho sentido, sobre temas faltos de interés que sólo están ahí agazapados esperando a que bajes la guardia para colarse por el pequeño resquicio que deja tu espíritu fuerte habitual.

Y estoy irascible, estoy angustiada, y esa palabra que no me gusta, ronda a mi alrededor. Miedo. Pero ¿miedo a qué? ¿miedo al fracaso?¿miedo al futuro?¿miedo al ahora? O simplemente miedo… porque da igual el apellido, lo innombrable es el nombre precisamente. El miedo es eso que hay que erradicar de la vida, porque nos detiene, porque nos absorbe, nos enturbia sin motivo, no nos ayuda.

Entonces pienso que el miedo es solo una palabra, el fracaso algo que aún no ha llegado y no se sabe siquiera si llegará, el futuro son los próximos diez minutos, y el ahora es lo maravilloso del tiempo. Y me quedo más tranquila pensando que él día se ha levantado raro, pero aun queda todo él por delante y puede cambiar, puede que esa angustia sea esa cualidad que me dice que sigue siendo humana y que sigo teniendo ese alma que todos debemos poseer.

El día se ha levantado raro, pero lo que cuenta de un día no es como empiece sino como termina, y este aún no ha terminado y por tanto aún puede ser maravilloso.




jueves, 5 de enero de 2012

Pero al menos entonces...


A veces en la soledad de mi mirada, recuerdo las veces que tanto tiempo te quise. Las veces que tortuosamente miraba a mi alrededor deseando encontrar unos ojos familiares, los tuyos.

Tantas veces deseaba aquello, que conseguí alzarte del alma mía, construirte un altar para ti solo, donde pudiera adorarte como se adora a un dios, donde pudiera rendirte el culto que para mí te merecías. Pero todo eso no era amor, o sí, quién sabe, todo eso nadie sabe que era, ni siquiera yo. Quizá fuera la máscara oculta de aquella persona que tiene miedo a querer a alguien de verdad y únicamente se enamora, o encapricha de aquellos a los que sólo puede adorar en la lejanía.

Ya lo dijo el escritor solo los amores imposibles duran para toda la vida, y para una persona como yo, que tiene miedo a lo efímero del amor, a la capacidad innata que tenemos las personas de amar hoy y olvidar mañana, sólo un amor imposible es capaz de satisfacer mis ansias de adoración eterna.

Me da miedo el amor. Aunque para ser exactos me da miedo lo efímero de este. ¿El amor dura para toda la vida? Hay una canción del maestro Sabina que dice que hay amores eternos que duran sólo un invierno. ¿Podemos amar un instante y que sea eterno?  Y acaso ¿podemos amar una eternidad y que solo sea un instante? Finalmente, el tiempo, todo gira en torno a él.

Que maravilloso sería decir que el amor nunca se acaba. Pero ya no me lo creo. Puede que sea porque nunca me he enamorado, pero no creo que dure para siempre. La sociedad a nuestro alrededor así lo dice. Últimamente todo a mí alrededor así me lo dice. Será quizá por eso que he dejado de ser la romántica de libro que he sido siempre, para volverme una incrédula que se aleja de los sentimientos que pueden resultar tortuosos.

Y a veces por un resquicio de esa frivolidad se cuela un suspiro para recordarme que una vez escribí aquellos versos que hoy me gusta leer. Para recordarme que una vez alguien era capaz de dejarme sin aliento durante los instantes que estaba en su presencia sabiendo que nunca podría ni rozarle.

Amaba a un imposible, suena tan surrealista, tan de un pasado…  pero al menos entonces amaba.