sábado, 27 de agosto de 2011

Humanidad

Quería colgar esta entrada. La escribí el otro día. Apenas ha pasado una semana desde que la escribí y ahora mismo la veo muy poco representativa de lo que pasa por mí. Pero os la cuelgo. Espero que os guste.

Humanidad

Cerrar los ojos, escuchar, pensar y de repente llorar. No entiendo cómo a pesar de todo aun me afecta. Aunque lo curioso es lo que me afecta. Lo que me quema es el recuerdo de mí misma en ese pasado no tan lejano. ¿Mi inocencia perdida? ¿Mi ingenuidad romántica?

A veces no echamos de menos a esas personas que nos afectaron en un pasado sino lo que nosotras éramos en ese momento y que no seremos otra vez. El paso del tiempo, esos minutos que nunca volverán son los que echamos de menos. Esa expresión en mi cara, esos ojos vivaces que parecían creerse que el mundo era plano mientras que sabían que no. Eso es lo que echo de menos. Mi yo de aquellos tiempos, tan distinto a mi yo de ahora. Mi yo pasado, mi yo infinito. Ese que ya no sé donde está.

Me doy cuenta de que él me es inocuo, pero soy yo la que se mantiene unida a ese pasado con el único objetivo de sentirme ligada a esa humanidad que tanto sentenció, que tan dudosa existencia tuvo. Pero nunca fui más humana, nunca fui más yo que entonces. Por eso me cuesta tanto desligarme de esos recuerdos, por eso me cuesta tanto olvidar, porque es lo único que me ata a la parte humana que hay en mí. La pregunta es ¿hasta qué punto soy capaz de llegar por no perder la humanidad ganada? El límite es tan difuso. Tengo que mantenerme humana, pero sin volverla a hacer girones como en aquellos días.

La humanidad que mi interior desboca, yace en algún punto intermedio entre el pasado y el presente teniendo sus viras en un futuro tan incierto como mi misma. Pero si él logró hacerme humana, cómo voy a deshacerme de ello. Si no quiero dejar de sentir, no quiero dejar de ser yo. Tanto he cambiado y a la vez tan poco…

Y nadie lo entendería, porque en cierto modo ni yo me entiendo pero es fácil de entender. Espíritu que vagaba por las brumas de los sueños imposibles de repente se encontró con una realidad que cuadraba demasiado bien con esa imposibilidad, casi rozaba la punta de los dedos, le hizo olvidar el imposible escrito para anclarse a otro que en principio parecía más imposible y que al final fue aún más inalcanzable que el primero. Lo sustituyó, lo desplazó y empezó de nuevo.

Ahora solo falta sustituirlo a él. Encontrar otro ser capaz de sacar mi humanidad y olvidar aquella humana que fui y que está condenada a no volver.

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