sábado, 25 de junio de 2011

Por el olvido perdido

La luz intermitente,
el corredor infinito,
los sonidos de la calle,
mis eternos suspiros,
las risas, los ecos
y todo lo vivido...

Las palabras,
los crujidos,
un paseo,
un sinsentido,
un sentimiento de huida infinito
y el sabor de un recuerdo herido.

Un salón,
Él dormido,
Aquella cama,
Aquel recorrido,
Los albornoces que colgaban
Lejos, sus labios humedecidos.

Una ciudad oculta
Los pasos distinguidos
Dos viandantes huyen
Se esconden de sí mismos.
Pero la historia nos redime
De un error ya cometido.

Un adiós
Unos besos perdidos
Un recuerdo olvidado
Un eterno vacio
Y mis labios que ocultaban
Lo mucho que te he querido

sábado, 18 de junio de 2011

Lo que ya no existe

Desear a alguien que no te corresponde puede ser doloroso, pero hay algo que lo supera, y es desear a alguien que ya no existe.

Me refiero con que no existe, no a que sea un ente imaginario, sino a ese ser que creamos a partir de otro. Físicamente existe sí, pero lo que nosotros deseamos de él, es sólo fruto de nuestra propia inventiva, de la imagen que hemos creado a partir de lo que había con la intención de endulzar la verdad.

Alguien que no existe… mirar a los ojos de esa persona y descubrir que todo ha sido imagen de ti misma. Quizá ayudado por unas cosas u otras, pero puro resultado de tu cabecita. Lo peor de todo es que a pesar de ser consciente de ello, te das cuenta que no puedes sacar esa parte de tu mente, y te recriminas a ti misma esa imaginación.

La imagen de un sueño proyectada en la realidad ¿acaso podemos amar sólo la parte inventada de uno, los recuerdos maquillados, las palabras que sólo son eco de una invención?

Y sin embargo una vez que eres consciente de ello, eres capaz de tener a esa persona delante, mirarla a los ojos y buscar en su interior eso que no existe, y frustrarte como nunca al ver que no está. Y cierras los ojos y darías cualquier cosa porque fuera real, y te torturas pensándote a ti la única causante de ese mal… ¿por qué no existe? ¿Por qué lo creaste?

Y piensas “es que ha cambiado”, pero puede que no, puede que siempre haya sido igual, pero tú ya no estás dispuesta a cubrir con tu imaginación aquello que le falta, aquello que un día pensaste que poseía.

¡Qué maldad la de la vida! Dotarnos de imaginación cruel capaz de hacer estas cosas, dotarnos de herramientas capaces de torturarnos, dotarnos de ideas incapaces de asumir…

Y nada ocurre ya, desapareció lo real, ahora falta eliminar lo irreal, los fantasmas de las pesadillas que una misma crea, los fantasmas de las luces que uno intenta esconder, los fantasmas a fin de cuentas que no existen.

jueves, 9 de junio de 2011

Laissez Faire

Me he dado cuenta de que he cambiado. Me he dado cuenta que no soy capaz de asumir la propia responsabilidad de los actos que puedan emanar de mí y por ello me he abandonado a una corriente. He instaurado en mi vida una especie de Laissez faire un dejar hacer, un dejarme llevar, porque es más fácil dejarse arrastrar por la corriente que asumir la responsabilidad del mundo sobre tus hombros.

Quizá esto sea consecuencia de que llevo siendo responsable toda mi vida, quizá la más responsable de mi familia desde que tengo edad para entender lo que pasa a mi alrededor. El mundo en el que vivimos es tan complicado que una sola decisión puede influir muchísimo en ti y en los entes que vagan a tu alrededor, por eso, ¿por qué no dejar que sea otro u otra quien tome las decisiones?

Es tan fácil dejarse llevar, tan increíblemente fácil. ¿Es acaso el Laissez faire una droga nueva que he descubierto y que me deja en un estado de completa despreocupación? Dejarse arrastrar, dejarse guiar… la corriente es la que nos dirige y no nosotros mismos. Estoy tan cansada de ser responsable…

Me he dado cuenta que de un tiempo a esta parte soy incapaz de tomar una decisión que implique una valoración personal, puedo tomar decisiones que sean basadas en datos objetivos, pero no puedo incluir la subjetividad. ¿Acaso una parte de mi ha vuelto a una adolescencia en la que poder vivir sin responsabilidades? ¿Me he convertido en ese ente caprichoso y voluble que se es cuando se tienen quince años? Yo, Dña. Racional he desaparecido. El dejarse llevar es maravilloso, no responsabilidad, no preocupación por tus actos.

Pero algo en mí me dice que no está bien, que no puedo continuar siempre en esta temática aunque sea cómoda, porque tarde o temprano la corriente me arrastrará al precipicio y será demasiado tarde. Pero cómo abandonarlo… no quiero volver a coger unas riendas que me aten, un peso sobre mis hombros.

He cambiado tanto y no sé si a bien o mal… o a lo mejor no he cambiado y esta parte siempre ha estado refugiada entre mis mil y un defectos. La verdad siempre se nos revela al fin y al cabo, ¿y si esta es mi verdad? Levantarse y dejarse llevar… pero es que adoro tanto en Laissez faire. Será mi parte economista la que le busca aplicaciones en otros puntos alejados de esa materia.

Dejar hacer, dejar pasar… que la responsabilidad se vaya y nos lleve a la felicidad vacía e inocua de ese instante de abandono. Laissez faire….

domingo, 5 de junio de 2011

El muro que se cae

Llega un punto en el que te preparas para cualquier tipo de situación menos para justo la que te encuentras. A veces nuestra cabeza es muy imaginativa, pero la solución fácil se nos escurre de las manos. Somos seres complicados y como dice Wilde en lo último que pensamos es en lo sencillo.

No sabemos cómo reaccionar, a veces cuando crees que ante una determinada situación puede haber lágrimas, las hay pero son de risa. A veces piensas que temblarás de emoción y lo haces de frío. A veces crees que serás capaz de volver a sentir y sin embargo no hay ningún tipo de sentimiento en tus venas.

Llevo un tiempo encallada en el vacío e intentando salir de él como sea. El último intento fue abrirme una herida cerrada, o intentar abrirla. Prefería el dolor a la nada. Pero no sirvió de nada, hay cosas que se cierran y que por mucho que aspires a abrirlas es imposible. Cosas que ni siquiera uno sabe lo cerradas que están. Son esos muros que crees que hay y que piensas que si vas hacia ellos te estrellaras y despertarás del letargo, pero no. El muro desaparece, cambia, se evapora, porque todo es cambiante, y nada perdura o casi nada. Y entonces ¿contra qué nos chocamos?

Debería alegrarme por no haberme roto la cara de nuevo contra esa pared, y sin embargo eso implica que mis temores se confirman. Se confirma que he cambiado lo suficiente como para ser capaz de no verme afectada por ello. El mismo muro que consiguió cambiarme ya no me afecta.

¿Será que ya nada puede afectarme en ese aspecto? ¿Será que me he congelado? Y la nada se atreve a decirme que soy rara y que estoy medio loca. Puede ser. Puede que sea rara, incluso muy rara, pero diré que en la locura reside la mayor cordura del ser humano.

Y sólo recuerdo las risas, por una vez sólo recuerdo las risas, la sensación de no querer parar de reír, incluso cuando una parte de mi mente me decía que debía llorar. Y sólo risas.

Me preocupo nuevamente por saber que parte de mí se ha convertido en hielo y como ser capaz de descongelarla. ¿Me he repetido tantas veces que sólo puedo amar unos zapatos y una Ley que no soy capaz de sentir más allá de lo básico y pasional? Todo pasa…supongo, espero… y sólo puedo acordarme de aquella rima de Bécquer en la que dice “siquiera padecer es vivir”.

La primavera se llevará los últimos trazos de aquel conjunto de ladrillos, hay que ser capaz de seguir adelante sin mirar más allá de los próximos diez minutos, septiembre volverá, pero sólo como un mes más en el que los árboles empiezan a amarillear…

Os dejo también el poema de Bécquer al que me refiero:

Rima LV


Hoy, como ayer, mañana como hoy,
y ¡siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno,
y ¡andar..., andar!

Moviéndose a compás, como una estúpida
máquina, el corazón;
la torpe inteligencia, del cerebro
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándolo sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.

Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar;
gota de agua monótona que cae,
y cae sin cesar.

Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos
sin goce ni dolor.

¡Ay!, a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir...
¡Amargo es el dolor; pero siquiera
padecer es vivir!

-Gustavo A. Bécquer-