sábado, 31 de diciembre de 2011

Adios 2011, Welcome 2012


A veces no nos damos cuenta de cómo pasa el tiempo delante de nosotros mismos. Pasa como un ente desconocido que no se detiene. Porque este minuto es único. Podrá haber más minutos, pero este pasará y de nosotros mismos depende hacer ese minuto inolvidable o uno más de ese entramado temporal en el que pasamos nuestra vida.

2011 termina hoy. En unas horas será únicamente fruto del recuerdo que nosotros mismos le demos. Para cada uno será distinto, porque esa especialidad del tiempo es diferente para cada persona.

Para mí este año ha estado tan cargado de cosas que es imposible recogerlo todo en una sola reflexión. Ha sido el año de empezar de nuevo, el año de cambiar, de lanzarme a la aventura, de descubrir una parte de mí que no conocía. Solamente 12 meses. Solamente otra yo.

Vivir cada segundo conforme a mis instintos ha sido la mejor experiencia de este año. A veces he sentido miedo, a veces he sentido que me equivocaba, que el suelo desaparecía bajo mis pies, pero si ahora miro estos últimos 365 días me siento satisfecha con lo que he hecho. Lanzarme al vacio sin un paracaídas en muchas ocasiones, experimentar más allá de lo convencional de mi vida anterior y no pararme a pensar estará bien, estará mal ha sido determinante en mi persona en este año que muere hoy. El instinto, mi gran amigo ha vencido este a la razón y me siento orgullosa de ello.

2011 será el año del Erasmus. El año de la experiencia Glasgow. De aprender a cocinar y a vivir fuera del nido familiar. Un país extranjero, un idioma distinto, un mundo peculiar, y nuevas e importantes amistades. Ser consciente de lo que es echar de menos a los seres queridos que están lejos, y llorar delante de una carta o una caja llegada desde casa cargada de cosas, pero sobretodo, cargada de sentimientos. Pasar de sentirte sola los primeros instantes a no querer volver pasados unos meses. Evolucionar a fin de cuentas.

Sin duda este año ha sido el año de la amistad, pero de una amistad distinta. Sentir que conoces a una persona desde hace mucho tiempo, cuando sólo han transcurrido pocos meses desde que hablaste con ella por primera vez. El mundo ha cambiado y el modo de adquirir una amistad también. No cambio un café por una pantalla de ordenador, pero a veces una pantalla de ordenador te puede dar la oportunidad de conocer a la persona perfecta con la que compartir ese café. Por el contrario otros que conocía de hace mucho parecen grandes desconocidos ahora.

2011 guardará nombres muy importantes para mí a partir de ahora. Nombres que espero que guarden también los años venideros. Descubrí que la familia es también esa que nosotros elegimos libremente y conseguí “descubrir” más que nunca, a la “hermanita mayor” que tenía adjudicada.

También volvió a despertar en mí, la pasión que había adormecido. La política que siempre ha corrido por mis venas volvió a salir más fuerte que nunca. Una mano inmensamente querida me salvó de ese letargo en el que me había guarecido y me sacó ese aliento que tenía guardado para luchar más que nunca por aquello en que creo.

Este año se acaba, pero para mí se han abierto muchas etapas que no se cerrarán aún. Recordaré 2011 como el año en que se empezó a escribir otro de los capítulos de mi vida. 2011 se acaba pero ese capítulo sigue abierto esperando que las letras lleguen como llegará 2012 en unas horas.

Gracias a todas las personas que habéis entrado en mi vida este año, incluso a los que habéis llegado a mi vida en estos últimos momentos del año. Algo me dice que vosotros y vosotras formareis parte de los numerosos capítulos que están por llegar en 2012.

Adios 2011. Welcome 2012.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El primer fragmento - Le Moulin


Hace mucho que no escribo en el blog. Pero precisamente hoy me he metido en él buscando un fragmento que es muy importante para mí. Porque fue el primer "fragmento" por así decirlo. La primera vez que inspirada por algo no escribí un poema sino un conjunto de letras que reflejaban como me sentía. Y cuál ha sido mi sorpresa al ver que nunca lo había colgado aquí. Por eso os lo voy a colgar. Me parece justo que veáis ese comienzo. Además porque es uno de mis fragmentos favoritos. Desde entonces la banda sonora de Amelie es una de mis favoritas, y esa canción más incluso. Sin duda fue el principio de un fin. De un fin que dio lugar al inicio de otra etapa mucho mejor, mucho más lúcida. Porque como me dice siempre alguien muy querido las personas sensibles somos las más fuertes.  

Le Moulin - BSO Amelie
¿Por qué a veces piensas que hay días en los que no deberías levantarte de la cama?

un piano, una música, una imagen... simples cosas que a lo largo de un día hacen que la cabeza gire y gire y el pensamiento se vuelva difuso, difuso como una mancha de agua en medio del mar....

El pensamiento fluye por la mente como las palabras sobre el papel, sólo un matiz logra diferenciar ambas cosas, pero ¿el qué?
Escribes, oyes, lees, piensas y vives en definitiva, rodeado de cosas que transmiten tanto y tan poco al mismo tiempo. 

Y otra vez la música, el arte, la magia, el tiempo... y todo se pierde en un momento, la elocuencia desaparece, las palabras vuelan escondidas entre la piel y el alma se desmiembra con un solo recuerdo... pero los recuerdos no existen y ¿el alma? acaso es una mentira inventada para escribir... ¿Tú la has visto? pero que importa, a quien le importa su existencia, si hay más alma en una melodía que en mí misma, o en cualquiera... q importa.
Y a veces, como esta, una simple melodía bajada al azar de entre miles consigue hacerme reflexionar y escribir quien sabe si el principio de lo que puede ser un fin.

martes, 15 de noviembre de 2011

bendito caos


Y desaparecer, todo desaparece. Es cierto que nos aferramos muchas veces a cosas que no tienen sentido alguno con el único objetivo de sentirnos vivos de nuevo. Pero de repente vuelve a desaparecer. Despiertas y te das cuenta de que tus refugios están llenos de grietas por donde se escapan los halitos de sentimiento que creías existentes.

A veces nuestra vanidad nos dirige inconscientemente a mundos que sabemos devastados, pero preferimos iniciar ese camino a seguir en el árido paisaje que cubre nuestro interior. No sentimos, o quizá sí, la cuestión es que nos resulta imposible descifrar si ese futurible sentimiento es cierto o es una pequeña invención de nuestro inconsciente generado único y exclusivamente con el objetivo de paliar el vacío existente en la caverna interna.

Y de repente todo cae en pedazos y se destruye. Y ese caos dura unos días. Quizá más. Quizá sólo un instante, pero ves los pedazos y el agobio que genera. Y en el fondo aplaudes por sentir ese agobio o angustia que se supone genera el sentir. Te sientes de una forma distinta, hasta que de repente eres consciente de que eso sólo ha sido una ilusión vaga de ti misma, porque en el fondo nada se ha caído, ni nada se ha roto, todo sigue perfectamente encuadrado en el orden interno del que haces gala y que cada día desprecias más. ¿Quién adora el orden? ¿Quién es capaz de sobrevivir entorno al orden establecido? El caos es adorable, el caos de los internos, el caos de las palabras, el enorme caos del sentimiento.

Pero sigues en el frio orden, donde los sentimientos se apilan simplemente como palabras en el diccionario. No están, no existen, y buscas el mazo indicado para romper el esquema en pequeños  fragmentos que sean incapaces de volver a pegarse formando uno. 

Ha vuelto el orden y con él, otro caos distinto al que prefiero. Pero seguiré clamando por el caos, por revolver las palabras, por revolver los cajones fragmentados de este ser. Maldita racionalidad que vacía todo cuanto encuentra, desaparece de una vez, para que vuelva a clamar por ti, como ahora lo hago por el caos. 

Bendito caos que arrasas todo a tu paso, no te olvides de destrozar esta estancia vacía que hace siglos que yace ordenada a su pesar. Bendito caos regresa. Bendito caos arrasa, que estoy cansada del vacío y el eco que genera en esta casa.

sábado, 12 de noviembre de 2011

mismas palabras, distinto papel


A veces decimos palabras sin sentirlas, solamente por el mero hecho de que sabemos que la otra persona quiere escucharlas. Hacemos una publicidad de nosotros mismos con esa frase que sabemos que provocará en la otra persona lo que deseamos provocar. Sin embargo no las sentimos… ¿o sí?

He usado muchas veces una frase que pensaba carente de significado “emocional” y sin embargo parece que empieza a tenerlo ahora, aunque no debiera, porque implica que voy camino a la máxima complicación. Pero hoy me he descubierto un poco a mí misma. 

Probablemente las mentiras que nos contamos a nosotros mismos sean a veces las peores, pero es aun peor cuando esas mentiras no son intencionadas. Cuando vives engañada por ti misma sin saber siquiera que te encuentras en ese estado, hasta que de repente por un resquicio de la funda se cuela un gesto, un pensamiento, un recuerdo que te hace darte cuenta que a lo mejor estás caminando sobre una descomunal masa de ceniza incandescente. 

Sí, ese es un buen ejemplo. La gente que realiza ese tipo de actividad, la de pisar cenizas ardiendo sin quemarse lo hacen, en teoría, porque tienen una sintonía con su mente que les hace que no sientan el dolor, pero probablemente si esa “sintonía” se rompe sentirían como se queman sus pies. Pienso que estoy empezando a sentir mis pies calientes últimamente y solo será cuestión de tiempo que esa sintonía que ahora empieza a flaquear, se rompa de todo y sienta el fuego y las quemaduras que él provoca. 

Mis palabras vacías de significado que a veces sin saberlo, ni quererlo se llenan. Las tuyas son igual de vacías que las mías, pero que no se llenarán. 

Han llegado a mis oídos historias tan parecías como esta que me sorprende que yo misma haya caído en una de ellas, cuando precisamente tenía un enorme letrero recordándome lo que acontecía. ¡Pero sorpresa! Aquí estoy yo sentada escribiendo sobre algo que me prometí no escribir. Y entonces pienso, a lo mejor sí que todo sigue vacío y carente de significado, y solamente es mi yo melancólico, lejano de mi mundo habitual, que trata de desconcertarme haciéndome creer lo que no creo que sea de mí, con el único objetivo de conseguir que me siente delante de la hoja a escribir…

Hacia tanto tiempo que no escribía, que no sentía la maravilla de tener una frase en la cabeza con el único objeto de desarrollarla… que no sentía mis dedos perderse en el teclado escribiendo sin sentidos.
Y aquí estoy escribiendo sobre palabras vacías. Probablemente sea como el conductor suicida de la canción de Sabina. El mejor dotado de los conductores, encerrado en un callejón sin salida. Sin embargo algo me dice que esto no es igual que entonces, que yo no soy igual que entonces y que el tú que escribo ahora no es el tú que escribí ayer. Pero me recuerda tanto, a veces me recuerda tanto… que este tú, parece tú, y estas palabras vacías son como el eco  de las ya pronunciadas entonces. Tú o tú, él o él, sin sentido o con sentido, mismas palabras distinto papel.

martes, 20 de septiembre de 2011

Saliendo del cascarón. Glasgow

Como he comentado, voy a ir escribiendo en el blog sobre esta andadura que he empezado en Glasgow.

Hoy es mi tercer día, y la verdad es que es el primer día que puedo escribir sin echarme a llorar. Estos dos primeros días quería escribir, pero sinceramente no podía. Es extraño como reacciona nuestro ser ante cambios como este.

He viajado muchas veces, y he llegado a estar fuera de casa 3 o más semanas, y nunca había echado de menos mi casa, o mi familia. Pero en dos días aquí hubiera pagado lo que fuera por estar comiendo el domingo con mi familia, viendo como discutimos de política u otras cosas. No pensé que fuera a echarlos de menos tan pronto. Siempre pensé que era más independiente de mi familia, pero estar en un país extraño con la perspectiva de no verlos en tres meses me hace extrañarlos como nunca.

Por otro lado la vida aquí reconozco que está siendo un poco complicada. Sé que son los primeros días y no debo esperar que esto sea fabuloso, sino que va sucediendo poco a poco y por eso no me agobio. Pero el clima es gélido, y la gente habla bastante raro. Hablan en inglés sí, pero tienen un inglés rarísimo. Espero aprenderlo con el tiempo. Sinceramente pensé que tenía peor nivel de inglés, pero en dos días aquí más o menos me hago entender y la gente me entiende. Ya hasta algunas veces pienso en inglés y no en español así que eso es bueno.

La verdad es que pienso que esta experiencia me va ayudar mucho, y el que esté siendo complicado al inicio por ejemplo en el tema del alojamiento y esas cosas creo que me va a aportar mucho. Ahora estoy agobiada por no encontrar nada, pero sé que lo encontraré y que cuando lo haga me sentiré realizada conmigo misma. Porque en el fondo, siempre me han dado las cosas organizadas, de hecho podía haber elegido venir a una residencia de la universidad, donde hubiera sido más fácil conocer gente, y vivir, y no haberme venido a un albergue sin casa. Las personas nos crecemos ante las adversidades, y es hora de ser completamente independiente, asumir las cosas y tomar decisiones.

Estoy empezando a salir del cascarón el que he vivido siempre. El cascarón protegido de la familia. Ahora estoy sola, en un país extraño, y rodeada de “adversidades” que he de superar con mis medios. Sé que cuando acabe este Erasmus me sentiré satisfecha con lo que haya hecho. A lo mejor no consigo la mejor casa, o no consigo un grupo de amigos, pero sabré que he puesto todo mi empeño y fuerza de voluntad en ello.

La felicidad no está en las grandes cosas sino en esos pequeños detalles que consigues por ti mismo y que te hacen único y eso es lo que conseguiré. A lo mejor una sonrisa escocesa, un twet, o un “hello” anónimo son ese empujón que necesitamos cada día para levantarnos y enfrentarnos al mundo.

Mañana me levantaré con mi sonrisa infinita, y me enfrentaré a esta aventura llamada Erasmus de la que espero salir triunfante y realizada, con pequeñas alegrías, con grandes esfuerzos, pero conmigo, segura de mí y con la satisfacción de sentirme luchadora. Show must go on! :)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Mucho más que Twitter

A veces llegan personas maravillosas a tu vida, por vías que nunca hubieras pensado.

Hace un tiempo cuando empecé a usar Twitter, jamás pensé que gracias a esta gran red social conocería a esas personas que hoy considero grandes amigos y amigas. Las relaciones a través de esta red pueden darse en muchos aspectos, pero de repente empiezas a hablar un poco más con una persona, empiezas a compartir diariamente, aunque vía web, tu vida con ella, y empiezas a notar que el mundo que os une crea una relación increíble.

A través de mi ideología política conocí a un reducido grupo de socialistas, que compartía conmigo sus ideas políticas. Empezaron siendo un grupo de militantes con los que tenía gustos en común, a ser un grupo de amigos con los que coincidía en ideología. Puede pareceros lo mismo, pero no lo es. A día de hoy me une más a ellos otros valores que el hecho de militar en un partido. Son personas en las que confiaría sin dudar cualquier aspecto de mi vida, que están cuando las necesitas. Son en definitiva grandes amigos y amigas.

La vida nos sorprende gratamente a veces con estas cosas. 140 caracteres pueden ser a veces mejores que una larga conversación insulsa con alguien que no muestra el mínimo interés. Aunque lo maravilloso es cuando esos 140 caracteres se convierten en un abrazo, en una sonrisa. Conocer a esa persona por primera vez y sentir que la conoces desde hace mucho más aunque nunca la hayas tenido delante.

Me voy la semana que viene a Glasgow y ayer esas personitas que conocí por twitter me hicieron la fiesta/reunión más maravillosa que podría haber tenido. Estar con ellos y ellas compartiendo esos momentos de risas, de alegría, de amistad, son un empujón de ánimo para esta nueva etapa que empiezo en Reino Unido.

Me queda el recuerdo de anoche, y ese bonito cuaderno artesanal que me han regalado. Aunque lo más importante del regalo y lo que voy a tener con más cariño son las palabras que cada uno de ellos ha escrito para que si me siento sola o falta de ánimo sólo con leerlas recuerde las sonrisas que siempre tengo cuando estoy con ellos.

De todas formas Glasgow no está lejos, sé que los tengo a la distancia de un tuit, de un email, de unos caracteres. Porque con una sola sonrisa dibujada en el ordenador pueden hacerme la mayor de las compañías.

¡Muchísimas gracias!

A mis queridos y queridas @sandradespacho @Isamastro @Adrian_Grande @Piblanc (aunque ayer no pudiera estar) @Patagonita @salvattore321 @SOCIALogia @janc1991 :)

viernes, 2 de septiembre de 2011

Vanidad

Me he dado cuenta de que estoy dispuesta a dejarte marchar. Probablemente nunca he estado tan dispuesta a olvidarte para siempre como hasta ahora. Por fin mis “nunca” empiezan a parecerse a los tuyos. Y mis “para siempre” ya vagan en rincones perecederos. Pero hay algo que me sigue atando a ti. Uno de mis grandes defectos. Probablemente podría decirse el orgullo, pero no. Ese ya está superado en este aspecto. El defecto que me ata a ti es aún peor que ese orgullo del que siempre hago gala y del que no me importa decir que poseo. Tengo un defecto peor. La vanidad.


Increíblemente con el tiempo me he dado cuenta de que soy una persona demasiado vanidosa para la sociedad en la que vivimos. Y esa vanidad es la que me sujeta a ti. Soy capaz de decirte adiós, pero no puedo soportar que quieras desligarte de mí de todos los sentidos posibles, porque lo siento como un ataque a mi vanidad, esa que siempre me ha hecho creer que soy mejor que tú. Mi vanidad, no entiende por qué ese desaire, no lo puede asumir.

Estaría mal no reconocer mis defectos y ese es de los peores que poseo. Ocasionalmente, más de lo que debería, soy un ser vanidoso. Y eso es lo que me molesta. Tú no me molestas. Tú adiós como despedida no me molesta, porque ya no me siento inclinada a ti. Pero esa falta de interés nueva la que me molesta e incómoda.

Las fechas pasadas me han hecho ver que lo que más me dolió fue no hacerme caso a mi misma cuando debía haberlo hecho y no me reprochaba nada más que mi tontería. Se que aún me quedan fechas que se supone dolorosas, pero a veces pasan cosas que hacen que sea más capaz de superarlo, quizá sólo sea una tabla salvavidas creada para salvarme de esas fechas, quien sabe, pero funciona. La cuestión es que de todo lo que debería molestarme es sólo lo que afecta a mi vanidad y orgullo también, para que negarlo, lo que más me molesta.

Pero bueno, se supone que como defectos trato de limarlos hasta que desaparezcan. Hasta qué desaparezcan como has desaparecido tú.

sábado, 27 de agosto de 2011

Humanidad

Quería colgar esta entrada. La escribí el otro día. Apenas ha pasado una semana desde que la escribí y ahora mismo la veo muy poco representativa de lo que pasa por mí. Pero os la cuelgo. Espero que os guste.

Humanidad

Cerrar los ojos, escuchar, pensar y de repente llorar. No entiendo cómo a pesar de todo aun me afecta. Aunque lo curioso es lo que me afecta. Lo que me quema es el recuerdo de mí misma en ese pasado no tan lejano. ¿Mi inocencia perdida? ¿Mi ingenuidad romántica?

A veces no echamos de menos a esas personas que nos afectaron en un pasado sino lo que nosotras éramos en ese momento y que no seremos otra vez. El paso del tiempo, esos minutos que nunca volverán son los que echamos de menos. Esa expresión en mi cara, esos ojos vivaces que parecían creerse que el mundo era plano mientras que sabían que no. Eso es lo que echo de menos. Mi yo de aquellos tiempos, tan distinto a mi yo de ahora. Mi yo pasado, mi yo infinito. Ese que ya no sé donde está.

Me doy cuenta de que él me es inocuo, pero soy yo la que se mantiene unida a ese pasado con el único objetivo de sentirme ligada a esa humanidad que tanto sentenció, que tan dudosa existencia tuvo. Pero nunca fui más humana, nunca fui más yo que entonces. Por eso me cuesta tanto desligarme de esos recuerdos, por eso me cuesta tanto olvidar, porque es lo único que me ata a la parte humana que hay en mí. La pregunta es ¿hasta qué punto soy capaz de llegar por no perder la humanidad ganada? El límite es tan difuso. Tengo que mantenerme humana, pero sin volverla a hacer girones como en aquellos días.

La humanidad que mi interior desboca, yace en algún punto intermedio entre el pasado y el presente teniendo sus viras en un futuro tan incierto como mi misma. Pero si él logró hacerme humana, cómo voy a deshacerme de ello. Si no quiero dejar de sentir, no quiero dejar de ser yo. Tanto he cambiado y a la vez tan poco…

Y nadie lo entendería, porque en cierto modo ni yo me entiendo pero es fácil de entender. Espíritu que vagaba por las brumas de los sueños imposibles de repente se encontró con una realidad que cuadraba demasiado bien con esa imposibilidad, casi rozaba la punta de los dedos, le hizo olvidar el imposible escrito para anclarse a otro que en principio parecía más imposible y que al final fue aún más inalcanzable que el primero. Lo sustituyó, lo desplazó y empezó de nuevo.

Ahora solo falta sustituirlo a él. Encontrar otro ser capaz de sacar mi humanidad y olvidar aquella humana que fui y que está condenada a no volver.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Se busca un corazón

Se busca un corazón
Que no yazca escondido
Yo busco la pasión
De los mástiles caídos.

Ayer en la mirada
Perdida de una voz
Hallé la luz lejana
De un grato ruiseñor

Esconde en el camino
Los gritos de verdad
Destápalos al viento
Que ululen el calmar.

Frialdad enmudecida
Que guardas mi temor
Caliente voz oscura
Que busca perdición.

Escapa del infierno
Frio de la blanca paz
Aférrate a las lumbres
Que encienden el mirar.

Sus manos que calientan
Temporalmente tu ser
Esto basta en este mundo
¿qué más quieres tener?

Buscando sentimientos
Aliento a flor de piel
Perdida en el momento
Sientes la llama arder.

¿Qué importa lo que tengas?
Ya algo en ti logró calar
Ya eres hielo que quema
Revolucionando al mar.

sábado, 13 de agosto de 2011

Sólo gritar

A veces tienes tantas ganas de gritarle a alguien. Tantas y no puedes. Sabes que el problema es que ese grito lleva demasiado tiempo guardado. Lleva demasiado tiempo escondido por razones estúpidas que te has estado dando hasta ahora. Siempre queriendo demostrar algo, demostrar que puedes con todo. Pero guardarte ese grito sabes que fue uno más de todos los errores que cometiste con esa persona. Tantos errores.


He dicho tantas veces que no me arrepiento que hasta yo me lo he creído, cuando es mentira, porque por supuesto que me arrepiento. Me he secado tantas veces las lágrimas que cuando ya no había más pensaba que era porque ya estaba todo pasado, y no porque ya no tenía más lágrimas en ese momento. Pero siempre vuelven. No sé cómo, ni por qué, pero mis ojos aún se vuelven más azules cuando por un resquicio de la armadura me siento débil y caigo en lo que no debo caer, en el pasado.

Y sólo quiero gritar, y romper, y destruir. Y pasar. Pero ya ha pasado tanto tiempo que el grito estaría fuera de lugar. Pero está dentro, queriendo salir, porque quizá así salga todo lo que guarda. Y sabes que ha sido un error ponerte hacer determinadas cosas esta tarde. Podían haberse quedado sin hacer un tiempo más, pero te empeñaste en que fuera hoy. Y al leer lo que no debes, la armadura se cae y el grito tiembla dentro pidiéndote salir.

Hay tantas formas de tortura, tantas y tan diferentes. Unas palabras son capaces de torturar tanto. Son capaces de destruir tanto. Son capaces de cambiarme tanto. Unas palabras, unos gestos, una imagen… yo misma.

La gran mentira, todas las mentiras, todo lo que dijiste, todo.

Lo guardo como pequeños puñales q me hacen llorar cuando no tengo fuerzas para enfrentarme a nada. Me duele. Me duele tanto que no puedo entender como alguien es capaz de haberme hecho tanto daño, como alguien es capaz de fingir y mentir tanto sólo para hacer daño. Te creí. Me creí cada palabra que dijiste, y las quiero borrar todas, pero no puedo. Pero no puedo, por más que quiera, no puedo.

Maldito agosto, maldito tú y maldita yo. Duele tanto que a veces no puedo parar de llorar, duele tanto que no puedo parar de sentir y quiero gritar y quiero destrozar cosas, y a veces lo que quiero es destrozarte a ti. ¿Por qué me hiciste esto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué esa forma de herirme? Y, ¡por qué, sólo dime por qué fingiste sentir!

Y entonces sólo quiero gritar, con toda mi voz posible… gritar… gritar para poder seguir.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Aquella tarde en las nubes

Puedo recordar el sol sobre mi frente, puedo recordar el sonido de las hojas, las nubes, puedo recordar aquella tarde. Otra más de las pocas que duró. Una tarde en la que yo me empeñaba en decirle lo que era, y él lo desmentía clavando los clavos que posteriormente dolería tanto poder ir arrancando.
Le dije la verdad, le dije las palabras que me dolía pronunciar pero ciertas. Colgué el teléfono. Me serené exteriormente mientras que mi interior ardía, aún sin saber muy bien por qué. Apagué el teléfono y él hizo lo peor que podía hacer. Acudir a mi berrinche. Acudir a desmentir lo que había dicho yo. A cubrirlo de falsedad. A decir palabras que el tiempo haría dolorosas. Palabras que se convertirían en alfileres torturadores días y días. Palabras que puedo recordar como si hubieran sido pronunciadas esta misma tarde.

En cuanto me enteré que estaba allí me puse mi vestido favorito, mi maquillaje adecuado y la sonrisa por bandera que siempre he llevado. Y olvidé todo lo que le había dicho. En verdad no lo olvide. Lo escondí, total si no se veía no tenía que creerme todas las verdades que había soltado.

Y llegué y le encontré sentado, plácidamente, fingiéndose confundido, fingiéndose real. Fingiéndose. Y yo lo sabía. Lo peor, es que yo lo sabía, y a pesar de eso decidí fiarme de otras palabras que no fueran las mías. Pero sonaban tan bien. Sonaban tan reales…y hoy suenan tan dolorosas. Y duele, a veces, simplemente recordarlo para escribir duele.

Podría perderme en detalles, quizá insulsos, quizá grotescos, quizá irrelevantes, pero que aún recuerdo. La canción que sonó, la mirada de alguien que nos vio, el reflejo en los cristales, tantos detalles que hoy me gustaría no poseer. La calle vacía, el muro testigo de sus palabras, el dibujo de su camiseta, mi voz ingenua alegrándose por sus mentiras. Su mirada que parecía tan real. Y no puedo evitar que todos los instantes pasen ante mí como una película vista desde fuera. Como las películas mudas en blanco y negro en la que los protagonistas se mueven de manera rara. Asi veo hoy aquella tarde. Como una tira cómica que no me saca una sonrisa. Y puedo verle bajando la cabeza y pronunciando las palabras que nunca debió decir, las palabras que ni siquiera nunca debió pensar. Las palabras que yo creí.

Si todo hubiera terminado aquel día, si hubiera cumplido mis últimas palabras, hoy todo aquello no existiría, nunca hubiera titulado ese día en mi agenda como “Aquella tarde en las nubes” y nunca hubiera escrito esto, porque no hubiera dolido nunca. Lástima que el calendario no nos deje volver a atrás, volver a un tiempo en el que todo parecía más fácil. Volver a un tiempo en el que era capaz de diferenciar mis propios pensamientos. Sólo un año menos. Simplemente otro tiempo.

¡Maldita sea!

Habías desaparecido. Lo sueles hacer en mi memoria por un tiempo, pero no sé porque siempre acabas volviendo. Alguien pronuncia tu nombre, alguien lleva tu perfume, alguien me recuerda a ti y entonces vuelves. Y la batalla librada esas pocas semanas desaparece como deberías desaparecer tú.

Lo intento. De verdad que lo intento. Tanto que a veces consigo que no estés. Te he buscado tantos sustitutos que ya no recuerdo algunos nombres. Siempre con algo común a ti. Siempre con algo que me recordara a ti.

Te he hecho a ti mismo un sustituto de ti. Suena raro e incomprensible, algo digno de mí. He intentado sustituir al tú que conocí por el tú que conozco ahora. Y ni siquiera eso funciona. Estoy anclada a mis recuerdos. A mis malditos recuerdos. A las palabras que escribiste sin querer en ese trozo de hielo que guardaba por corazón.

El poder de los recuerdos de ser avivados con un simple roce. Tan débiles, tan duraderos, tan maquiavélicos. Y sólo me duelen los recuerdos. Es curioso ver lo inocuo que puedes resultarme tú a veces, y lo mortíferos que son mis propios recuerdos.

Quizá sea que al fin y al cabo lo que más me duele soy yo. Porque soy yo la que se condenó al no escucharse a sí misma. Me duelen los recuerdos, por el amor propio que va anclado a ellos, por el orgullo que se desprende de ello. Por los mil y un defectos que poseo y que no puedo callar junto con los recuerdos.

Y habías desaparecido. Tantas veces he creído que habías desaparecido, que cuando vuelves a ocupar ese espacio que guardo en mi cabeza, los muebles apilados tiemblan. Porque no deberías volver, porque no debería dejarte volver a invadir mis pensamientos. Pero ¿cómo ponerle diques al mar? ¿cómo puedo ser mi verdugo y a la vez mi salvador? No puedo entender tantas cosas de mi misma desde entonces, no puedo entender en definitiva tantas cosas.

La noche ha traído con sus estrellas el recuerdo de aquella noche en que por primera vez me senté en donde estoy ahora y escribí las primeras palabras de la historia que ocuparía mis páginas tanto tiempo. Sólo espero que al alba, cuando las estrellas desaparezcan, desaparezcan también todas las palabras que escribí y con ellas todos los recuerdos, levantándome en una mañana clara, digna de alguien que no merece ser torturada por su propia memoria.

¡Maldita seas memoria, maldita seas!

lunes, 8 de agosto de 2011

Lo llamamos odio...

El amor y el odio, tan parecidos, tan unidos, tan separados. Amamos a personas a las que una vez odiamos, y a su vez odiamos a aquellos a los que una vez amamos.

Dos sentimientos tan dispares y tan únicos que nos hacen discrepar muchas veces con nosotros mismos. Ya que en ocasiones no somos capaces de diferenciar si lo que sentimos por esa persona es el más intimo de los odios o el más ardiente de los amores.

Un día te levantas con la firme convicción de amor, y antes de llegar a la mitad del día ya has maldecido varias veces su nombre. Amamos, odiamos, ¿vivimos? No podemos evitarlo, no podemos evitar sentir. El peor de los villanos, nosotros mismos, que no sabemos diferenciar entre amar y odiar. Y entonces que cierto es eso de que entre el amor y el odio sólo distan unos centímetros, quizá menos.

El odio ese sentimiento ardiente tan similar a la pasión nos atormenta, nos grita cosas, nos llena de sentimientos insidiosos. La pasión, tan efímera, tan frágil y tan fogosa, está condenada a la temporalidad, ¿es acaso el odio su sustituto permanente?

Para muchos después de la pasión queda el cariño. Para muchos. Para otros simplemente se acaba la pasión, se apagan las luces y todo se olvida, dejando paso a ese ente al que llevo llamando odio durante todo el fragmento. Quizá no sea odio. Quizá sea odio sólo eso que no sabemos entender cuando algo acaba o cuando algo no termina como se quiere.

Odiar. Es bueno odiar. Echarle la culpa a alguien de las desdichas, del final, del principio, de la obra teatral que montamos. ¿Pero es de verdad odio a esa persona? Quizá sea el amor enmascarado y por eso son tan parecidos. Disfrazamos el amor de odio para no sentirnos mal con nosotros mismos por amar a ese ser que no debemos. ¿Es el odio sólo la máscara que le ponemos al amor cuando este nos da miedo?

Es más fácil odiar que amar, es más fácil culpar al otro y odiarle que mirar dentro de uno mismo y ver que dentro hay amor. Y a todos nos gusta lo fácil. Rasgar los papeles, perder los estribos, maldecir todo lo que pasa por nuestra cabeza, pedir que le lleguen todos los peores finales… pero al final sólo quedan los susurros, las lágrimas, los abrazos vacios, los besos perdidos, los recuerdos pasados. El odio se esfuma o se va a otra parte de nuestra cabeza para hacernos caer en la cuenta que por mucho odio que queramos dejar ver, nuestra alma se deshace por amor y la máscara construida se resquebraja en pequeños pedazos dejando a la vista un pequeño corazón herido que no sabe como curarse.

viernes, 5 de agosto de 2011

Miedos

A veces las personas prefieren vivir ceñidas a un mundo conocido, temerosas de sentir, temerosas de poner su alma en las manos de otro ser. ¿Soy yo acaso así? ¿Me embauco en sin sentidos únicamente con el objetivo de huir de aquello que me aterroriza?

Hace mucho tiempo ya, quizá menos del que me gustaría pensar, puse a alguien en una tesitura de elección difícil sin darme cuenta de que era a mí a la que ponía en la peor situación. De repente me vi arrojada a algo de lo que siempre he querido huir. ¿Cómo le iba a pedir a alguien que dejara su sentir en mis manos, si yo no era capaz de hacer lo mismo?

¿Es el miedo el que nos retiene en los corsés que nos aprietan a nuestro alrededor? ¿Es el miedo el que hace que huyamos despavoridos a la mínima que podemos? “La vida es maravillosa si no se le tiene miedo” dice Chaplin, ¿pero cómo nos libramos de esas cadenas que nos unen a la edad de la inocencia, esa en la que es el resto quien nos dice que tenemos que hacer y no depende nada de nosotros?

Es fácil decir que no se debe tener miedo, pero a veces se tiene, a veces ese miedo es el que nos empuja en una dirección o en otra, el que hace que nos quedemos atrapados en las comodidades de nuestra vida y no luchemos por aquel sueño que podría llamar a nuestra puerta. ¿Cómo voy a acusar a otra persona de tener miedo, cuando yo misma a veces me dejo atormentar por él?

Quien nunca ha tenido miedo, tiene toda mi admiración, pero en el fondo también mi lástima. El miedo es eso que también nos hace humanos, imperfectos, y acaso ¿hay algo más maravilloso que lo imperfecto?

martes, 2 de agosto de 2011

La edad de la inocencia. El corsé de la inocencia

La edad de la inocencia, gran título, gran película, gran libro. Capaz de sacarme las lágrimas en dos ocasiones por motivos distintos cada vez. A veces el amor no lo puede todo, pero es que a veces el amor no lo es todo. El mundo no es tan plano como muchas veces creemos y muchas veces la magia está en esa imposibilidad, en esa moralidad que nos empuja a hacer lo que creemos correcto a pesar de que no se corresponda del todo con lo que queremos.


La moralidad, la ética, la razón que matan al corazón. Todo eso a veces escapa de nuestras manos. Nuestros impulsos más primarios querrían dejarnos abandonar por todo eso, pero al contrario nuestra cabeza ya sea en un pensamiento propio, o en el que alguien nos muestra nos hace ceñirnos a esas “formalidades” que tan bien refleja la obra.

A veces esos impulsos son sólo fantasmas que ocasionalmente se paran nuevamente en nuestro camino, que habíamos aprendido a desechar y a recordar solamente como un cuadro pintado en la pared. Pero los fantasmas a veces vuelven, a veces ya no les tememos, a veces les tememos más que nunca. A veces los buscamos porque creemos que no podemos vivir sin ellos…

¿Vivimos acaso encorsetados aún en muchas ocasiones? Por qué hablar en plural, ¿vivo acaso encorsetada en mi misma vestida de unas formalidades que sólo cuando creo que nadie ve desato? Es este mundo tan igual al de entonces…

Crecemos quizá no en el contexto de la obra citada, pero si en un contexto social que nos condiciona a la hora de rodearnos en un futuro. Las formalidades quizá no sean las de entonces, pero aun seguimos reprochando actitudes que creemos que están “faltas de decencia” por así decirlo. Vivimos apegados a un mundo en el que aunque con menos florituras nos gustan que las cosas sean de una determinada manera, y si vemos que alguien no cumple esa línea, le juzgamos.

¿Quién no se ha visto en una situación que muchos tacharían de “indecorosa” y por eso ha decidido no compartirla con el resto? Nuestro mundo es más compresivo que el de entonces, nos hemos abierto a muchas cosas, pero muchas otras también siguen relegadas al cajón de lo oscuro, de lo que es mejor sólo compartir con un mundo selecto.

Las formalidades, sinónimo de rutina, sinónimo de aburrimiento. Pero incluso yo, negada a esto caigo en ellas. Todos caemos en ellas. Caemos en ese mundo encorsetado del que ansiamos salir, siempre y cuando no nos vean, no sea que aquellos que atan el corsé decidan no dejarnos volver a entrar.

lunes, 1 de agosto de 2011

Sólo inicios, sólo despertares

Volviendo la vista atrás, y recapacitando sobre algunas cosas, me he dado cuenta que solo me gustan los comienzos, los inicios, los primeros pasos de algunas cosas.
Ese momento en el que pisas sobre la incertidumbre de lo que tú crees que va a pasar y de lo que realmente pasa. Esos momentos en el que las cosas te sacan una inmensa sonrisa sin saber por qué.

Pero sólo me gusta eso. Sería fabuloso pasarse la vida entre “comenzares” pero no se puede vivir así. La película comienza pero siempre avanza y aunque sólo nos guste el final nos solemos quedar a verla terminar. Pero la vida no es una película, y me atormenta pensar que sólo puedo sentirme entusiasmada en esos inicios de las cosas y no durante el resto del visionado del filme. Mi vida no es una película y no me puedo quedar sentada viendo pasar cosas que no te llenan de ningún modo.

Pero entonces me asalta la duda. ¿Seré capaz de encontrar la película capaz de mantenerme enganchada de inicio a fin? ¿O me pasaré la vida entre inicios sin sentidos guiada por esa insensatez que parece que me gobierna?

Siempre me han tachado de ser una persona con miedo a comprometerme y siempre he aceptado ese calificativo. Puede que sea ese miedo lo que me hace refugiarme en historias condenadas a tener una fecha de caducidad, un final más o menos previsible entre mis manos. Como si me curara en salud, buscando películas que van a ser cortas y que si tengo que soportarlas un poco seré capaz. Pero esa no es la solución. Vivir anclada a vacios, vivir anclada a sueños en mi mente que se que no son posibles. Pero solo me gustan los inicios.

Pero incluso cuando sueño, como toda niña que se precie que sueña con su vida, incluso en esos momentos sólo me gusta pensar en los comienzos y no más allá porque me resulta aburrido. Puede que sea que estimo una estupidez pararse a pensar en cosas que no dependen de ti, sino de todo un mundo de factores ajenos.

La pregunta es ¿habrá solución para mí o viviré condenada a comenzar una y otra vez hasta que me acostumbre a ese aburrimiento en que siempre se acaba convirtiendo la película?

miércoles, 27 de julio de 2011

Culpable

¿Sabes cuándo recuerdas todo menos lo que deberías recordar? En todo este campo difuso de girones que recuerdo hay uno que siempre omito. Una noche, una noche de finales de verano, una noche en la que me di cuenta de que no quería. Si entonces lo tenía tan claro, porque con el tiempo he olvidado ese recuerdo.

Si me esfuerzo en recordarlo, puedo oírme responder a la pregunta ¿pero tú qué quieres? Y la respuesta salió sola de los labios. No hizo falta ningún esfuerzo. Porque mi interior sabia que esa era de verdad la respuesta. Cuando el mundo dejó de ser bonito y recuperé mi racionalidad, después de haber obtenido lo querido, mi mente sabía que no lo iba a soportar. Que no podía decirle al mundo que se la jugara por mí cuando yo no estaba dispuesta a jugarme ni un solo juego por él.

Tenía lo que quería, porque a fin de cuentas ¿Quién utiliza a quien? Pero entonces porque cuando me empeño en recordar nunca quiero recordar aquel flujo de pensamientos. El mismo que hoy me dice que si volviera a tener que tomar la decisión de nuevo, elegiría lo mismo otra vez. Elegiría apartarme del camino y salir huyendo.

Huir… salir huyendo… estaba predestinada a salir huyendo eso es cierto, desde el minuto dos supe que terminaría huyendo. Siempre tan racional, siempre tan estúpida, lo supe. Siempre lo supe, a cada paso que avanzaba sabia que me dirigía a un final que orquestaría yo misma. Por eso me precipite aquel día, por eso quise aquel final. Siempre me han gustado los asuntos literarios y aquel tenía que terminar como yo había escrito, como yo había decidido.

¿Y cómo soy capaz de decir todo esto? Quizá porque es la verdad. Porque siempre me he guiado por mi orgullo, por mi vanidad, por todos mis defectos. Y entonces acude a mi otro recuerdo, el recuerdo de una mañana infame, caminando sola, en la que yo misma escribí la historia de principio a fin. Y me senté delante de aquella imagen y lloré. Y lloraba únicamente porque sabía que por mucho que yo me empeñara en cambiar tenía esa forma de ser, y suplicaba por mí misma, siempre por mí misma. Culpando de mis defectos a la ausencia de alguien querido, pero no. Esa era yo, ese anima que se sentó en aquel vacio dejándose llenar de sí misma para saber que en definitiva ella era la mala del asunto.

Por eso me duele tanto, porque algo me dice que la que hizo las cosas mal fui yo, y que soy yo la misma que durante tanto tiempo ha culpado a otros de sus errores. Y sin embargo si volviera los volvería a cometer. ¿Quién está libre de haber errado alguna vez y sentirse a gusto con aquel error? Si no me hubiera equivocado no sería lo que soy, o sí quien sabe.

Ya no se puede cambiar el tiempo, y lo hecho, hecho está, aunque lo peor es saber que si la rueda girara y tuviera que volver al punto inicial, elegiría equivocarme otra vez. Los errores nos hacen humanos y ese error es la mayor muestra de humanidad que he tenido nunca.

lunes, 18 de julio de 2011

Relato

Una noche que se convirtió en mañana
Un amanecer que acabó sin luz
Unas palabras que se grabaron solas
Una mirada, simplemente tú.

Un paseo que se llenó de historias
Un escalón que quiso participar
Unos brazos que se cruzaron en tu pecho,
Unos labios, ardientes por besar.

Unas letras que se perdían en mensajes
Una oscuridad que no nos dejaba entrever,
Unos vecinos que se escondían de nosotros
Una confidencia, fácil de creer.

Una intuición que trataba de esconderse
Unos suspiros que no dejaban de cesar
Unos pasos que nos dirigían sin rumbo,
Un error, tenía que pasar.

Un despertar que se llenaba de secretos
Un empiece de algo que no podía suceder
Una inquietud que se apoderaba de todo
Un indicio, yo tenía que perder.

Un tiempo que perdimos entre ruinas
Unos besos que con suerte no volverán
Unos recuerdos que a veces martirizan
Algo bello, aquella Catedral.

sábado, 25 de junio de 2011

Por el olvido perdido

La luz intermitente,
el corredor infinito,
los sonidos de la calle,
mis eternos suspiros,
las risas, los ecos
y todo lo vivido...

Las palabras,
los crujidos,
un paseo,
un sinsentido,
un sentimiento de huida infinito
y el sabor de un recuerdo herido.

Un salón,
Él dormido,
Aquella cama,
Aquel recorrido,
Los albornoces que colgaban
Lejos, sus labios humedecidos.

Una ciudad oculta
Los pasos distinguidos
Dos viandantes huyen
Se esconden de sí mismos.
Pero la historia nos redime
De un error ya cometido.

Un adiós
Unos besos perdidos
Un recuerdo olvidado
Un eterno vacio
Y mis labios que ocultaban
Lo mucho que te he querido

sábado, 18 de junio de 2011

Lo que ya no existe

Desear a alguien que no te corresponde puede ser doloroso, pero hay algo que lo supera, y es desear a alguien que ya no existe.

Me refiero con que no existe, no a que sea un ente imaginario, sino a ese ser que creamos a partir de otro. Físicamente existe sí, pero lo que nosotros deseamos de él, es sólo fruto de nuestra propia inventiva, de la imagen que hemos creado a partir de lo que había con la intención de endulzar la verdad.

Alguien que no existe… mirar a los ojos de esa persona y descubrir que todo ha sido imagen de ti misma. Quizá ayudado por unas cosas u otras, pero puro resultado de tu cabecita. Lo peor de todo es que a pesar de ser consciente de ello, te das cuenta que no puedes sacar esa parte de tu mente, y te recriminas a ti misma esa imaginación.

La imagen de un sueño proyectada en la realidad ¿acaso podemos amar sólo la parte inventada de uno, los recuerdos maquillados, las palabras que sólo son eco de una invención?

Y sin embargo una vez que eres consciente de ello, eres capaz de tener a esa persona delante, mirarla a los ojos y buscar en su interior eso que no existe, y frustrarte como nunca al ver que no está. Y cierras los ojos y darías cualquier cosa porque fuera real, y te torturas pensándote a ti la única causante de ese mal… ¿por qué no existe? ¿Por qué lo creaste?

Y piensas “es que ha cambiado”, pero puede que no, puede que siempre haya sido igual, pero tú ya no estás dispuesta a cubrir con tu imaginación aquello que le falta, aquello que un día pensaste que poseía.

¡Qué maldad la de la vida! Dotarnos de imaginación cruel capaz de hacer estas cosas, dotarnos de herramientas capaces de torturarnos, dotarnos de ideas incapaces de asumir…

Y nada ocurre ya, desapareció lo real, ahora falta eliminar lo irreal, los fantasmas de las pesadillas que una misma crea, los fantasmas de las luces que uno intenta esconder, los fantasmas a fin de cuentas que no existen.

jueves, 9 de junio de 2011

Laissez Faire

Me he dado cuenta de que he cambiado. Me he dado cuenta que no soy capaz de asumir la propia responsabilidad de los actos que puedan emanar de mí y por ello me he abandonado a una corriente. He instaurado en mi vida una especie de Laissez faire un dejar hacer, un dejarme llevar, porque es más fácil dejarse arrastrar por la corriente que asumir la responsabilidad del mundo sobre tus hombros.

Quizá esto sea consecuencia de que llevo siendo responsable toda mi vida, quizá la más responsable de mi familia desde que tengo edad para entender lo que pasa a mi alrededor. El mundo en el que vivimos es tan complicado que una sola decisión puede influir muchísimo en ti y en los entes que vagan a tu alrededor, por eso, ¿por qué no dejar que sea otro u otra quien tome las decisiones?

Es tan fácil dejarse llevar, tan increíblemente fácil. ¿Es acaso el Laissez faire una droga nueva que he descubierto y que me deja en un estado de completa despreocupación? Dejarse arrastrar, dejarse guiar… la corriente es la que nos dirige y no nosotros mismos. Estoy tan cansada de ser responsable…

Me he dado cuenta que de un tiempo a esta parte soy incapaz de tomar una decisión que implique una valoración personal, puedo tomar decisiones que sean basadas en datos objetivos, pero no puedo incluir la subjetividad. ¿Acaso una parte de mi ha vuelto a una adolescencia en la que poder vivir sin responsabilidades? ¿Me he convertido en ese ente caprichoso y voluble que se es cuando se tienen quince años? Yo, Dña. Racional he desaparecido. El dejarse llevar es maravilloso, no responsabilidad, no preocupación por tus actos.

Pero algo en mí me dice que no está bien, que no puedo continuar siempre en esta temática aunque sea cómoda, porque tarde o temprano la corriente me arrastrará al precipicio y será demasiado tarde. Pero cómo abandonarlo… no quiero volver a coger unas riendas que me aten, un peso sobre mis hombros.

He cambiado tanto y no sé si a bien o mal… o a lo mejor no he cambiado y esta parte siempre ha estado refugiada entre mis mil y un defectos. La verdad siempre se nos revela al fin y al cabo, ¿y si esta es mi verdad? Levantarse y dejarse llevar… pero es que adoro tanto en Laissez faire. Será mi parte economista la que le busca aplicaciones en otros puntos alejados de esa materia.

Dejar hacer, dejar pasar… que la responsabilidad se vaya y nos lleve a la felicidad vacía e inocua de ese instante de abandono. Laissez faire….

domingo, 5 de junio de 2011

El muro que se cae

Llega un punto en el que te preparas para cualquier tipo de situación menos para justo la que te encuentras. A veces nuestra cabeza es muy imaginativa, pero la solución fácil se nos escurre de las manos. Somos seres complicados y como dice Wilde en lo último que pensamos es en lo sencillo.

No sabemos cómo reaccionar, a veces cuando crees que ante una determinada situación puede haber lágrimas, las hay pero son de risa. A veces piensas que temblarás de emoción y lo haces de frío. A veces crees que serás capaz de volver a sentir y sin embargo no hay ningún tipo de sentimiento en tus venas.

Llevo un tiempo encallada en el vacío e intentando salir de él como sea. El último intento fue abrirme una herida cerrada, o intentar abrirla. Prefería el dolor a la nada. Pero no sirvió de nada, hay cosas que se cierran y que por mucho que aspires a abrirlas es imposible. Cosas que ni siquiera uno sabe lo cerradas que están. Son esos muros que crees que hay y que piensas que si vas hacia ellos te estrellaras y despertarás del letargo, pero no. El muro desaparece, cambia, se evapora, porque todo es cambiante, y nada perdura o casi nada. Y entonces ¿contra qué nos chocamos?

Debería alegrarme por no haberme roto la cara de nuevo contra esa pared, y sin embargo eso implica que mis temores se confirman. Se confirma que he cambiado lo suficiente como para ser capaz de no verme afectada por ello. El mismo muro que consiguió cambiarme ya no me afecta.

¿Será que ya nada puede afectarme en ese aspecto? ¿Será que me he congelado? Y la nada se atreve a decirme que soy rara y que estoy medio loca. Puede ser. Puede que sea rara, incluso muy rara, pero diré que en la locura reside la mayor cordura del ser humano.

Y sólo recuerdo las risas, por una vez sólo recuerdo las risas, la sensación de no querer parar de reír, incluso cuando una parte de mi mente me decía que debía llorar. Y sólo risas.

Me preocupo nuevamente por saber que parte de mí se ha convertido en hielo y como ser capaz de descongelarla. ¿Me he repetido tantas veces que sólo puedo amar unos zapatos y una Ley que no soy capaz de sentir más allá de lo básico y pasional? Todo pasa…supongo, espero… y sólo puedo acordarme de aquella rima de Bécquer en la que dice “siquiera padecer es vivir”.

La primavera se llevará los últimos trazos de aquel conjunto de ladrillos, hay que ser capaz de seguir adelante sin mirar más allá de los próximos diez minutos, septiembre volverá, pero sólo como un mes más en el que los árboles empiezan a amarillear…

Os dejo también el poema de Bécquer al que me refiero:

Rima LV


Hoy, como ayer, mañana como hoy,
y ¡siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno,
y ¡andar..., andar!

Moviéndose a compás, como una estúpida
máquina, el corazón;
la torpe inteligencia, del cerebro
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándolo sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.

Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar;
gota de agua monótona que cae,
y cae sin cesar.

Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos
sin goce ni dolor.

¡Ay!, a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir...
¡Amargo es el dolor; pero siquiera
padecer es vivir!

-Gustavo A. Bécquer-

viernes, 27 de mayo de 2011

Volviendo a la Poesía...

Increíblemente he vuelto a escribir Poesía. Hacía unos 10 meses que no escribía nada que me terminara de convencer. Hoy he escrito dos poemas, así que hoy os colgaré uno y otro día otro. Es sólo Poesía, pero la anhelaba tanto. Espero que os guste, no tiene una rima elaborada, ni una métrica especial, solo son versos que con la lluvia de primavera han surgido encima de un papel.

Encuentra el hueco en el hastío
Halla la luz ufana de la voz
Pierde la batalla que tanto perseguías
Hundiéndote las uñas en el triste corazón

¿Dónde esconces la pasión lejana que sentiste?
¿Dónde guardas la llave que alumbró aquel amor?
La escondiste en el libro que llevabas esa tarde
La enterraste en un mundo perdido de ilusión.

El abismo es tan amplio cuando te asomas
El vacío es lo único que logras contemplar
Las pisadas que sigues a través de aquellas olas
Te llevan a un camino imposible de explorar.

¡Tú que tanto clamabas querer ser libre!
¡tú que querías los hilos de aquel amor cortar!
¡tú que luchabas día a día con esa angustia!
Hoy preferirías sentir eso, a ser tan fría como la mar.

Eres capaz de helar el viento con la mirada,
El hielo corre por tus venas, tan veloz,
Te refugias en unos brazos calientes en el alba,
Tratas de recordar el infame y perdido candor.

Huidizo ente que no te paras a pensar,
Más allá de lo que con tus ojos puedes ver
Anhelas la espina que un día sentiste,
Anhelas aquel imposible que no podías tener.

Y buscas la felicidad etérea de un instante
Y logras abandonar por un momento el ser,
Mas cuando la razón llega a tu mente delirante
Descubres que contigo, tú eres la más cruel.

Huye, vuela, siente y lánzate a ese vacío,
Mas sólo de esa forma uno puedo escapar,
Gana la guerra que sin armas empezaste,
Y dale de esa forma ardor a la frialdad.

Enfréntate al día de mañana sin palabras,
Se capaz de enterrar tu gusto por la imposibilidad,
Aprende a encontrar la pasión por lo que alcanzas,
Lo que agarras en las manos puede ser felicidad.


miércoles, 25 de mayo de 2011

Hojas de reclamaciones...



                   - ¿Podría darme una hoja de reclamaciones?
                   - Lo lamento señorita, pero no tenemos

Lamentablemente la vida no tiene hojas para poder reclamar y las personas somos esos seres generalmente estúpidos que vamos por ella sin pensar en las consecuencias que se pueden derivar de nuestros actos. Vivimos midiendo cada paso que damos, sin ser conscientes de que incluso aunque nos empeñemos en milimetrar cada movimiento, la vida gira y la suma de las partes no siempre tiene que ser eso que hemos considerado como nuestro todo u objetivo.

El vacio. Entre todo aquello que podemos sentir  ese es el peor sentimiento que nos podemos provocar. Vamos por la vida tratando de llenarlo y sin darnos cuenta lo hacemos aún más grande a veces.

Sentir que no eres capaz de sentir nada es la peor de las derrotas ¿y dónde nos quejamos? No hay queja posible. Pues para mal o para bien sólo nosotros somos los responsables de sentirnos así. Esa angustia insaciable que no podemos controlar porque no sabemos por qué ha sido generada. Sabes que no te mereces esa angustia y vuelves a pensar en aquellas palabras que alguien una vez te dijo y que asumiste ciertas: no eres humana. ¿Lo soy? ¿Corre sangre por mis venas? O quizá sólo soy ese ente que se refugia en sí mismo una y otra vez, en su frivolidad, en la frivolidad de sus actos, y en la frialdad enmascarada que siempre construye para protegerse de sí misma.

No debería pedirle hojas de reclamación a la vida sino debería pedírmelas a mí, por empeñarme en hacer de la vida algo más complejo y complicado. Pero en el fondo pienso que para eso estamos, para complicarnos, dejarse arrastrar y fluir por la corriente es fácil, lo complicado y valiente es meterse entre el fango para demostrarte a ti misma que eres capaz de eso y más.

Sentiré vacío y la angustia se refugiará en mí quitándome el sueño. Pero cada mañana lucharé por llenarlo aunque con cada batalla se haga más grande. El día menos pensado no estará, habré ganado la guerra e imprimiré hojas de reclamación para el mundo entero.